La defensa de México hacia Cuba se ha intensificado en un contexto de creciente presión estadounidense, especialmente bajo el mandato de Donald Trump, quien ha reiterado medidas asfixiantes contra la isla desde hace décadas. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha elevado la situación cubana a una crisis humanitaria que demanda una intervención estatal urgente. Sin embargo, esta postura se mantiene en equilibrio, buscando evitar reacciones adversas del gobierno estadounidense.
Desde su retorno a la Casa Blanca hace poco más de un año, Trump ha impuesto exigencias severas al gobierno mexicano, que incluyen la reducción de la migración irregular y una lucha más enérgica contra los cárteles del narcotráfico, con un enfoque particular en el fentanilo. En este ambiente complicado, Sheinbaum ha definido límites ante la presión, incluso después de que Trump anunciara sanciones contra países que comercialicen petróleo con Cuba. Aunque México suspendió enviarlo, ha continuado enviando alimentos a la isla. La presidenta ha manifestado su intención de reactivar la venta de crudo, buscando un equilibrio que no dañe su país.
Los ideólogos del partido Morena, en el que se enmarca la presidencia de Sheinbaum, argumentan que la decisión de apoyar a Cuba es más que una respuesta ideológica; es una cuestión de Estado. Rafael Barajas, importante figura del partido, señala que el interés del Estado prevalece sobre cualquier opinión personal de la presidenta. Este apoyo a Cuba, según Barajas, se alinea con la Doctrina Estrada, que promueve la no intervención en los asuntos internos de otros países y respeta su autodeterminación.
A pesar de la represión política en Cuba, que históricamente ha sido motivo de preocupación para la izquierda latinoamericana, el gobierno mexicano ha adoptado una postura más firme que la que mostró en otras crisis regionales, como en Venezuela. En respuesta a la creciente crisis cubana, el gobierno de Sheinbaum incluso ha presentado quejas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, buscando visibilizar los problemas de derechos humanos en la isla.
El eterno embargo de Estados Unidos y su renovada presión sobre Cuba son vistos por algunos analistas y líderes de Morena como parte de una táctica imperialista. Este enfoque genera una conexión emocional dentro de México, un país con un pasado lleno de invasiones y agresiones extranjeras. Pedro Miguel Arce, miembro del consejo de Morena, destaca cómo el país ha desarrollado un fuerte sentido de identidad y resistencia frente a la intromisión de potencias.
Más allá de las notas geopolíticas, la relación entre México y Cuba también es cultural y histórica, cimentada a lo largo de décadas, donde la isla representaba la defensa de la autodeterminación en la región. Esta conexión histórica se materializa en la defensa actual de Sheinbaum, quien, además, enfrenta críticas por ser percibida como subordinada a influencias externas.
La crisis cubana ha suscitado un consenso en el oficialismo mexicano. La intervención del gobierno en este caso se ha convertido en un tema de unidad y orgullo nacional, resaltando la importancia de que México se manifieste ante lo que considera injerencias en la política de un país soberano. Así, la postura de defensa hacia Cuba es tanto un acto simbólico como un esfuerzo estratégico en un escenario internacional complejo y en constante cambio.
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