La archiduquesa María Cristina, conocida cariñosamente como Mimi, se destacó en la historia no solo por ser la hija preferida de la emperatriz María Teresa I de Austria, sino también por haber tenido la oportunidad de casarse por amor, una circunstancia poco común entre sus hermanos. En el siglo XVIII, cuando le obsequió a su esposo, Alberto de Sajonia-Teschen, un dibujo inspirado en los trabajos del maestro flamenco Van Dyck, ya daba muestras de su pasión artística.
El museo Albertina de Viena, uno de los más prestigiosos del mundo, surge de esta historia de amor y devoción artística. Fundado por María Cristina y su esposo, el museo ahora celebra su 250 aniversario con una exposición denominada “Coleccionar para el futuro”. Este evento no solo refleja la evolución de la colección sobre la cual se asienta el museo, sino también reivindica la significativa participación de María Cristina en su creación y desarrollo.
El director del Albertina, Ralph Gleis, destaca que la muestra busca corregir un patrón histórico: la falta de reconocimiento hacia las figuras femeninas en el arte. María Cristina, gracias a su herencia familiar y su entusiasmo personal, sentó las bases para la adquisición de las primeras obras que conformarían la colección, que hoy supera el millón de piezas.
Entre las obras clave de la colección se encuentra “La liebre” de Alberto Durero, una joya del naturalismo, que rara vez se exhibe por motivos de conservación. Este trabajo, al igual que un autorretrato de Egon Schiele, está en el corazón de la exposición, cuyo objetivo es más que presentar obras maestras; se trata de narrar la historia de cómo se formó la colección, desde las 10,000 piezas iniciales en 1775 hasta su expansión.
El siglo XVIII fue un periodo tumultuoso, marcado por guerras y revoluciones. La historia del museo incluye desafíos formidables, como el traslado de sus obras a lugares seguros durante la Segunda Guerra Mundial, en respuesta a los intensos bombardeos que causaron daños significativos al edificio. A pesar de estos desafíos, el museo ha logrado perpetuar su legado artístico y atraer a 1,3 millones de visitantes en el último año.
La exposición culmina con obras contemporáneas de la artista italiana Rosa Barba, cuya creación para el aniversario del museo subraya la importancia de la mujer en la historia del arte. Este enfoque en las artistas femeninas se ampliará en una próxima exposición dedicada a sus obras, que abarcará desde el siglo XV hasta la década de 1970.
Con actividades públicas y jornadas de puertas abiertas programadas para el 4 y 5 de julio, el Albertina no solo conmemora su pasado, sino que también avanza hacia el futuro, manteniendo vivo el legado de amor por el arte que lo inspiró desde su inicio.
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