El mayor iceberg del mundo flota entre las aguas del océano antártico luego de que el pasado 22 de mayo se separara del oeste del continente helado. Aunque científicos aseguran que su desprendimiento es un proceso natural, también precisan que éste se vio acelerado por el calentamiento global, afectando gravemente a la biodiversidad de la zona.
De acuerdo con el Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos, el iceberg cuenta con una superficie de cuatro mil 320 kilómetros cuadrados, lo que es equivalente a casi la mitad de Puerto Rico.
Llamado por los investigadores como A-76, la dinámica del iceberg estaba siendo observada desde hace ya varios días atrás, debido a su desprendimiento de la barrera de Ronne el 13 de mayo.
Desde entonces, imágenes satelitales del programa europeo de observación de la Tierra Copernicus pudieron confirmar su separación de la Antártida, quedando a la deriva en el mar de Weddell, donde será prácticamente vecino del que, antes de su llegada, era el más grande del mundo, el A-23, el cual navega por las aguas desde 1986.

Pero, ¿en qué se relaciona la situación de la Antártida con las actividades humanas?
De acuerdo con los científicos, la formación de icebergs, bloques de hielo de agua dulce que se desprenden de un glaciar continental que alcanzó el litoral, es un proceso natural, pero el calentamiento del aire y de los océanos lo acelera.
“La temperatura del planeta ya cambió. Desde que comenzó la revolución industrial a este momento la temperatura del planeta es 1.5 °C más alto. Cuando decimos esto estamos hablando del promedio de temperatura de todo el planeta, esto significa que en algunas zonas el aumento de la temperatura ha sido incluso mayor. Por ahora nos dicen los científicos que seguramente va a seguir aumentando esa temperatura al menos 1.5° adicional porque los gases de efecto invernadero se van acumulando en la atmósfera y su efecto dura por más tiempo”, dijo Claudia Campero Arena, estratega para la movilización urbana de Greenpeace.
Tanto el A-76 como el A-74, otro iceberg gigante de mil 270 kilómetros cuadrados que se separó en febrero de la barrera de hielo de Brunt, “simplemente forman parte del ciclo natural de barreras glaciares que no se han desprendido de ningún gran bloque en las últimas décadas”, comentó en Twitter Laura Gerrish, del British Antarctic Survey (BAS), un organismo de investigación británico que detectó inicialmente el A-76.
“Es importante vigilar la frecuencia del desprendimiento de los icebergs, pero estos dos casos ya se esperaban”, añadió.

¿Qué es lo que resta por hacer?
Todo lo anterior, junto con la industria pesquera, amenaza la biodiversidad en el océano Antártico. De acuerdo con Greenpeace,el océano Antártico es hogar de 14 mil especies, muchas de ellas únicas y adaptadas a las extremas condiciones polares, tales como las colonias de pingüinos emperador y Adelaida, el calamar colosal y la ballena azul.
La fauna antártica y las aguas polares sufren las consecuencias del cambio climático, y atajar las causas de este calentamiento global será clave para la supervivencia de este ecosistema vital para la salud del planeta.
Es sabido que los océanos sanos juegan un papel crucial en la absorción de dióxido de carbono. Por ello, Greenpeace señala como una de las acciones cruciales de la humanidad para salvar la Antártida el frenar la quema de combustibles para disminuir las emisiones de carbono a la atmósfera.
“La quema de combustibles fósiles es el principal causante del cambio climático, por lo que la solución pasa por acabar con la dependencia del petróleo y demás combustibles fósiles”, explica.
“A pesar de que los gobiernos se comprometieron en mantener la temperatura del planeta en máximo dos grados centígrados a finales de este siglo, según el acuerdo de París, las acciones que llevan a cabo al interior de los países los colocan en escenarios contradictorios”, asegura la estratega para la movilización urbana de Greenpeace México.
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