Un grupo de 20 personas procedentes de Senegal y Malí fue hallado en una playa de la República Dominicana después de que su cayuco, con rumbo a Canarias, sufriera una serie de percances en alta mar. Al parecer, la embarcación naufragó y los pasajeros lograron llegar a la costa tras varios días a la deriva.
Según informa una fuente local, los migrantes recibieron atención médica y fueron llevados a un centro de detención provisional a la espera de ser deportados a sus países de origen. Este suceso pone de relieve el riesgo que asumen miles de personas cada año al emprender la peligrosa ruta por mar para alcanzar Europa en busca de una vida mejor.
El drama de la inmigración ilegal no es nuevo y América Latina no es ajena a esta problemática, que se agrava en medio de la crisis sanitaria mundial provocada por la pandemia del COVID-19. Este caso es uno más de los muchos que interrumpen vidas y esperanzas de miles de personas que buscan un futuro mejor en el extranjero.
Es importante recordar que la solución a este problema no pasa por la criminalización de los migrantes sino por una política humanitaria que ofrezca soluciones eficaces y justas a quienes huyen del hambre y la pobreza en sus países de origen. Una política que les garantice un trato digno y que respete sus derechos. La migración es un fenómeno global y, como tal, requiere de una respuesta mundial y coordinada que ponga fin a las tragedias en el mar y permita construir un mundo más justo y solidario.
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