La guerra en Ucrania ha dado un nuevo giro táctico con el uso innovador de drones bombarderos lanzados desde embarcaciones no tripuladas de superficie (USVs), marcando un hito en el empleo de tecnología autónoma en combate. Estos “portaaviones en miniatura” permiten ejecutar ataques coordinados desde el mar, elevando la complejidad y la eficacia de las operaciones ucranianas contra posiciones estratégicas rusas en Crimea.
En la noche del 1 al 2 de julio, una operación de alta precisión destruyó tres componentes clave del sistema de radar ruso Nebo-M, pieza central del escudo antiaéreo sobre la península de Crimea y el mar Negro noroccidental. El Ministerio de Defensa ucraniano calificó la ofensiva como “brillante”, y difundió imágenes donde se observa cómo los drones aéreos despegan desde la proa de los USVs, lanzando bombas con impacto quirúrgico.
A diferencia de los drones FPV utilizados previamente, que requieren impacto directo, estos nuevos drones lanzados desde el mar pueden atacar múltiples objetivos por misión y transportar cargas más pesadas. Su control, potenciado por enlaces satelitales —presumiblemente vía Starlink—, permite mayor alcance y flexibilidad, convirtiendo a los USVs en nodos móviles y difíciles de rastrear.
Rusia ha reconocido con preocupación el avance, según medios militares como el canal Two Majors, admitiendo que un solo dron naval fue capaz de lanzar múltiples UAVs con capacidad de ataque secuencial. Aunque aseguran haber destruido posteriormente la embarcación ucraniana, no hay evidencia visual que respalde la afirmación.
El blanco principal del reciente ataque, el sistema Nebo-M, representa una infraestructura crítica para la defensa aérea rusa. Introducido en 2017, este radar móvil detecta aviones furtivos y misiles balísticos a más de 600 km, y alimenta los sistemas S-300 y S-400. Su neutralización supone una grieta en la cobertura antiaérea rusa y abre paso a misiles como los Storm Shadow o los drones kamikaze ucranianos.
Además, otra innovación ha captado la atención en los últimos días: el uso del dron subacuático Shrike Special Edition, un FPV modificado para operar bajo el agua. En un video difundido por la 151.ª Brigada Motorizada, se observa cómo el dispositivo ataca con éxito un cruce improvisado por las fuerzas rusas en Járkov. Capaz de sumergirse, ocultarse y volver a operar, este dron abre un nuevo frente en el campo de batalla, donde las amenazas pueden emerger desde el fondo de un río.
Estas tácticas no son hechos aislados. Se suman a una progresión tecnológica que Ucrania ha desarrollado desde los primeros drones suicidas navales hasta los USVs armados con misiles aire-aire —como los Magura V7 que derribaron cazas Su-30—, consolidando una nueva generación de plataformas ofensivas.
El uso combinado de drones aéreos, marítimos y ahora subacuáticos indica una transformación profunda de la guerra moderna. Lo que en el siglo XX fueron los portaaviones, hoy podría ser sustituido por enjambres descentralizados y conectados. Y Crimea se ha convertido en el epicentro de esta revolución táctica.
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