Quién se iba a imaginar que unos científicos anunciarían un día la creación de un embrión con mezcla de mono y humano y la noticia pasaría desapercibida. Ocurrió horas antes de la última Nochevieja. El equipo de los franceses Pierre Savatier e Irène Aksoy publicó la generación de estas “quimeras” —llamadas así por los monstruos con cabeza de león, tripa de cabra y cola de dragón de la mitología griega— y básicamente no se enteró nadie fuera de su gremio. Tres meses y medio después, el grupo del científico español Juan Carlos Izpisua, del Instituto Salk (EE UU), publicó los resultados de unos experimentos similares en China, con la creación de 132 embriones con células de mono y humano.
Savatier y Aksoy proclaman que su equipo fue el primero en publicar la creación de un embrión de mono y humano. Suena a Frankenstein, pero se trataba simplemente de 10 células humanas en un embrión de macaco con un total de 250 células. Son estructuras del tamaño de un grano de arena, con apenas una semana de desarrollo. Savatier, nacido en Lyon hace 60 años, defiende que estas quimeras son necesarias para la ciencia. “En Francia estamos es una situación parecida a la de España, porque tenemos la misma tradición católica. El embrión humano se considera una entidad sagrada y trabajar con ellos es muy difícil. Yo veo la creación de quimeras humano-animales como una alternativa a los embriones humanos en investigación”, explica Savatier.
Su laboratorio en el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica, en Lyon, es el único de Europa dedicado a la creación de quimeras de mono y humano. Aksoy, francesa nacida en Dortmund (Alemania) hace 40 años, subraya que no utilizan células de embriones humanos, sino que reprograman células adultas, por ejemplo de la piel, para que sean capaces de generar cualquier órgano. Son estas células humanas reprogramadas las que se inyectan en embriones de macaco, con el objetivo de estudiar el desarrollo embrionario y entender sus fallos. Otros laboratorios, como el de Izpisua en EE UU, hablan ya de crear animales quiméricos como fábricas de órganos humanos para trasplantes. Las nuevas directrices de la Sociedad Internacional para la Investigación con Células Madre, publicadas este miércoles, autorizan la implantación de embriones con mezcla de mono y humano en el útero de una mona, pero prohíben tajantemente hacerlo en una hembra de gran simio o en una mujer.
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