15 días. Es el tiempo que la enfermedad de noma tarda en desfigurar el rostro de un niño para siempre. Comienza con una infección que inflama las encías; si no se trata con un antibiótico, el tratamiento recomendado, se propaga rápidamente y en solo unos días corroe tejidos y huesos. Es una de las llamadas enfermedades tropicales desatendidas (ETDs), aunque aún no reconocida oficialmente, y afecta principalmente a niños menores de siete años que viven en la pobreza. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unas 140.000 personas la sufren cada año y hasta el 90% de las personas infectadas mueren en las dos primeras semanas.
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En apenas unos días. Eso fue lo que necesitó Amina, una joven nigeriana de 18 años, para notar cómo su rostro cambiaba para siempre: comenzó a notar fiebre, después sus encías más y más hinchadas y débiles, hasta sentir que se le formaba un hueco en ellas. Mientras cuenta esto, frente a una cámara, tapa su cara desfigurada con el velo que cubre su cabeza. Ella, junto a otros enfermos de noma, es una de las protagonistas del documental Restoring Dignity, de las directoras Claire Jeantet and Fabrice Catérini, en colaboración con Médicos Sin Fronteras (MSF). En él se cuenta cómo los supervivientes de noma han lidiado con sus secuelas, físicas y psicológicas, y cómo una operación para restablecer su rostro les cambia la vida.
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La operación la llevan a cabo en el Noma Children Hospital de Sokoto, una ciudad al noroeste de Nigeria, uno de los pocos centros en el mundo especializados en esta cirugía. “Algunos de estos supervivientes tienen cicatrices y son rechazados en sus comunidades. Pero la buena noticia es que cuando vienen y se someten a la operación, vuelven a vivir en sociedad”, explica por teléfono Samuel Joseph, un enfermero de Médicos Sin Fronteras (MSF) que acompaña a los pacientes en su proceso desde que llegan al centro sanitario hasta que lo abandonan, ya recuperados.


