En enero de 2026, el mundo literario fue testigo de una controversia que sacudió el Adelaide Writers’ Week (AWW). Rosemarie Milsom, que había sido directora del Newcastle Writers’ Festival, observó de cerca la crisis que se desarrollaba a medida que el consejo del festival adelaidense desautorizaba a su directora, Louise Adler, para desinvitar a la autora palestino-australiana Randa Abdel-Fattah. Esta decisión, motivada por preocupaciones sobre la sensibilidad cultural tras un ataque terrorista, no logró silenciar el debate; por el contrario, desató una ola de protestas que resultó en un boicot por parte de alrededor de 200 escritores, la renuncia de Adler y la eventual caída del AWW.
No era un hecho aislado; Milsom también había reservado a Abdel-Fattah para su festival, pero había tomado precauciones ante la posibilidad de que surgieran tensiones similares. Tras la implosión del AWW, Milsom fue nombrada nueva directora de este festival con la esperanza de restaurar su reputación. Su entusiasmo se entrelaza con un enfoque cauteloso, dando prioridad al acceso gratuito a eventos de artes, algo que ella misma había experimentado al crecer en un hogar monoparental.
La reacción del público y de los escritores en el Newcastle Writers’ Festival fue notablemente diferente; Milsom luchó por mantener la integridad del evento y se opuso a los llamamientos para desinvitar a Abdel-Fattah. Frente a una tormenta de críticas y sin ceder a la presión, su liderazgo y capacidad para permanecer al margen del caos la llevaron a un aumento en la asistencia del festival, con un 27% más de participantes que el año anterior.
Sin embargo, Milsom reflexionó sobre el clima actual de las organizaciones artísticas australianas, que muchas veces optan por cancelar presentaciones de artistas o eliminar voces disidentes bajo presión. “Es decepcionante ver que siguen cometiendo el mismo error. La solución no es apaciguar a un solo grupo, sino mantener un espacio para el diálogo”, comentó Milsom aludiendo a la necesidad de un enfoque más robusto y inclusivo en la programación del festival.
En su papel como líder, Milsom subraya la importancia de la independencia curatorial, defendiendo el derecho de los escritores a expresar sus opiniones, independientemente de cuán controvertidas sean. Ella reconoce que el miedo puede llevar a decisiones apresuradas, pero resalta que eso nunca debería ser la solución a un problema en lugar de un diálogo constructivo.
Con su nombramiento en el AWW, Milsom tuvo la prudencia de preguntar a la nueva junta sobre la seguridad de su independencia. “Era una línea que no estaba dispuesta a cruzar; de haber permanecido la junta anterior, no hubiera considerado aplicar”, aseguró, consciente del impacto que sus decisiones podrían tener no solo en el festival, sino en la comunidad.
En un gesto claro de reconciliación, la nueva junta del AWW ha invitado nuevamente a Abdel-Fattah para el festival de 2027, un paso que Milsom está considerando. Al final, su ambición persiste: “Cuando llegue el festival de 2027, espero que todos hayan superado el drama de 2026”, concluyó, con la esperanza de que la comunidad literaria aprenda a navegar estas tumultuosas aguas en el futuro.
A medida que las conversaciones sobre libertad de expresión, inclusión y el papel de los líderes culturales en la sociedad continúan, Milsom se erige como un ejemplo de resiliencia y compromiso con los principios fundamentales del arte y la literatura. Su historia es un recordatorio de que, en medio de la controversia, siempre existe la posibilidad de un diálogo sincero y constructivo.
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