Cuando se acaba la proyección de una película, empiezan los títulos de crédito, ese listado que muchos espectadores ni atisban camino de la salida del cine. Se pierden el acta de todos los trabajadores que han puesto en pie ese esfuerzo colectivo. Y son centenares, incluso miles en el caso de las superproducciones de Marvel, cuyos rótulos pueden durar hasta diez minutos. Sin embargo, cada año se entregan 23 premios Oscar y 28 Goya. Hay una pléyade de profesiones sin las que jamás habría ni series ni filmes, aunque nunca serán reconocidos en esas ceremonias. A esos curritos la Academia de Hollywood les dedica los Oscar técnicos y la Academia española de cine, desde 2010, el anual Homenaje a los Profesionales.
La script en la película del año.
La vocación de Lourdes Navarro (Segovia, 63 años) era la medicina, pero un día visitó el rodaje de Akelarre (1984), de Pedro Olea. “Me fascinó aquel universo. Me parecía que aquello no podía ser un trabajo, sino una diversión. Y como mujer, por suerte hoy ha cambiado, estaba destinada para ciertos departamentos. De ellos, la script, al lado de la cámara, me enamoró”. S
u trabajo es poner continuidad a lo que se rueda. Las películas no se filman en orden cronológico, sino que un plano puede rodarse hasta meses después del precedente; la script (habitualmente son mujeres) controla que todo encaje: vestuario, decoración, colocación de los actores, dirección de las miradas, movimientos… “Yo intento hacerlo con mucho cariño. Cada uno tiene su método para no perdernos en el caos que puede ser un rodaje. No soy metódica ni ordenada, pero tengo mi manera de trabajar”. En el caso de Navarro, segundos antes de que el director grite acción, se concentra para que no se pierdan cosas. “Tú te adaptas al director, y él algo a ti. En un rodaje las películas son de los directores. A mí me gusta estar en mi silla pegada al combo [monitor por el que se ve lo rodado]”. Y confiesa que mucho calor o frío le altera. “Tengo un termostato muy especialito”.
¿Su primer trabajo profesional? “Tras varios cortos y labores de meritoria, la serie de TVE Para Elisa [1993]”. Desde entonces, ha acumulado medio centenar de películas y series. ¿El último rodaje? “Bajo terapia, de Gerardo Herrero”. ¿Le gusta repetir con equipos? “Claro, pero yo voy donde me llaman. Aunque es verdad que soy la script habitual de Enrique Urbizu, Ángeles González-Sinde, Fernando León o Gerardo Herrero. Y si cogieran a otra, me pondría muy triste”.
¿Cómo vive el éxito de El buen patrón, en la que fue script? “Mi aportación es mínima, pero nunca había estado en la considerada película del año, así que estoy orgullosa como una madre”. Por cierto, en su caso, su hija auténtica no heredará su trabajo, pero sí su pasión cinéfila: es la actriz Irene Escolar.
¿Cuál es el éxito en su profesión? “Que el público no sea consciente de lo que haces. Que vean una película sin que sientan que algo raro ha pasado, como que ha desaparecido una cuchara o que los actores no se miran en conversaciones, o que la luz no encaja”.
¿Su último enamoramiento profesional? “Arantxa Echevarría. He trabajado con ella en La familia perfecta y vamos a repetir”. ¿La tecnología ha cambiado su labor? “Enormemente. Yo aún llevo el guion lleno de anotaciones, y en la tablet todo el resto de información. El resto ya solo trabaja con tablets. Creo que a los directores aún les gusta ver el papel”. Y ya se prepara para la siguiente película, “en unas semanas con Alauda Ruiz de Azúa”.
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