La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha puesto en marcha un plan ambicioso para incrementar el gasto en defensa de sus 32 Estados miembros. Este año, todos alcanzarán el objetivo previamente fijado del 2% del Producto Interno Bruto (PIB), establecido en 2014. Sin embargo, la atención se centra ahora en un nuevo y más elevado objetivo: alcanzar el 5% del PIB de cada país para 2035.
Este compromiso significa que, del total del gasto, un 3.5% se destinará a necesidades básicas de defensa, mientras que el 1.5% se asignará a áreas complementarias como infraestructuras y ciberseguridad. A pesar de que dicha meta ambiciosa fue impulsada con un fuerte liderazgo, en su momento, por el entonces presidente estadounidense Donald Trump, la realidad es que solo 22 países habían logrado cumplir la meta anterior del 2% hasta el año pasado.
En un comunicado emitido tras la reunión de junio en La Haya, la OTAN espera que todos los miembros alcancen ese umbral de 2% para 2025, con un gasto total de defensa de la alianza que podría superar los 1.5 billones de dólares en ese mismo año. Se ha notado una presión visible a países rezagados, entre los que se encuentran España, Bélgica e Italia, para que avancen rápidamente hacia el cumplimiento de este objetivo.
La tarea de alcanzar el nuevo 5% resalta los retos a los que se enfrentan muchos países europeos a medida que intentan no solo pedir, sino también demostrar un firme compromiso en la defensa colectiva. Mientras el actual clima geopolítico sigue siendo tenso, algunos altos funcionarios advierten que los miembros europeos deben cumplir estas promesas si desean tener la capacidad necesaria para defenderse de eventuales ataques por parte de Rusia. Los servicios de inteligencia han alertado sobre la posible disposición de Moscú para llevar a cabo acciones hostiles contra un país miembro de la OTAN en un horizonte de tres a cinco años.
Estados Unidos, que ha sido un pilar de la seguridad europea desde la Segunda Guerra Mundial, hecho que ha generado un debate prolongado sobre la distribución de la carga financiera de defensa, desea que los países europeos asuman una mayor parte de la responsabilidad. Aunque algunos países se rezagan en sus gastos, naciones limítrofes con Rusia, como Polonia y Estados bálticos, han hecho públicas sus promesas de alcanzar el 5% del PIB en un futuro cercano.
Actualmente, Estados Unidos destina el 3.22% de su PIB a defensa, lo que representa una proporción significativa del gasto total de la organización. El interés por estos compromisos de gasto no solo refleja la creciente incertidumbre geopolítica, sino también una evolución en la colaboración y distribución de cargas entre los países que conforman la OTAN, que se realizan mientras el horizonte de la seguridad europea se transforma constantemente. Esta dinámica cobrará importancia a medida que se cercano los plazos fijados, marcando un periodo decisivo en la historia de la alianza.
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