América Latina se encuentra en una encrucijada crucial: la longevidad de su población está aumentando, pero esto no necesariamente se traduce en una mejor calidad de vida para aquellos que llegan a la vejez. Según un estudio reciente que abarca ocho países de la región, tras los 50 años, muchas personas siguen trabajando, pero lo hacen de manera cada vez más informal. Esta situación plantea una serie de retos para los sistemas de pensiones, que no están preparados para convertir esos años adicionales de trabajo en ahorros significativos y derechos pensionarios.
La investigación, realizada por expertos como Álvaro Altamirano y Manuel García-Huitrón, revela que la transición laboral entre los 50 y 75 años no se dirige hacia la inactividad, sino más bien hacia la informalidad. De hecho, se estima que la participación laboral en este grupo etario disminuye entre 5 y 15 puntos porcentuales, mientras que el empleo formal cae de un 15 a un 30 por ciento. Aunque muchas personas continúan activas, su contribución al sistema previsional es insuficiente para mejorar sus pensiones futuras.
Este escenario es particularmente crítico para los trabajadores de entre 50 y 65 años, quienes generan aproximadamente una cuarta parte del ingreso laboral en la región, pero solo registran una formalidad promedio del 44.3%. La educación también juega un papel fundamental: las tasas de empleo formal son del 15% entre aquellos con menor escolaridad, en contraste con el 62.2% de quienes han alcanzado un alto nivel educativo. Esta brecha educativa se traduce en desigualdades significativas en el acceso a pensiones adecuadas.
Además, hay un componente de género en esta problemática. Las mujeres, a menudo, enfrentan trayectorias laborales más interrumpidas, lo que se traduce en mayores responsabilidades de cuidado y menos oportunidades de reintegrarse a empleos formales a medida que avanzan en edad. Las barreras de contratación y la falta de capacitación adecuada exacerban la informalidad tardía, creando un ciclo difícil de romper.
Guillermo Zamarripa, presidente de Amafore, destaca que simplemente aumentar los años de trabajo no garantiza que las aportaciones al sistema se mantengan. La continuidad de las contribuciones es crucial para acumular los recursos necesarios para financiar un retiro prolongado. La situación es aún más alarmante en un contexto donde América Latina enfrenta un envejecimiento de la población sin haber consolidado mercados laborales suficientemente formales. La falta de aportaciones a los sistemas de pensiones, combinada con la necesidad de financiar retiros más largos, suma complejidad al panorama.
La investigación sugiere que los sistemas de capitalización individual podrían verse gravemente afectados por una baja densidad de cotizaciones, resultando en saldos menores y pensiones insuficientes. Por otro lado, en esquemas de reparto, una menor continuidad podría aumentar la presión fiscal. Por lo tanto, es esencial que el empleo prolongado se mantenga dentro del ámbito formal para que pueda contribuir de manera efectiva al bienestar previsional.
Conscientes de esta realidad, se proponen cinco líneas de acción para abordar la problemática en la región. Primero, se debe hacer más atractiva la formalidad para los trabajadores mayores, eliminando los desincentivos. Segundo, es necesario fortalecer la contratación de personas mayores de 50 años mediante capacitación y reconocimiento empresarial. Tercero, se debe proteger trayectorias laborales sostenibles y coordinar el empleo con la protección social, seguido por la búsqueda de flexibilizar la transición entre trabajo y jubilación. Por último, se recomienda que cada país priorice sus reformas de acuerdo con sus barreras institucionales.
El mensaje es claro: la discusión sobre pensiones en América Latina no puede limitarse a la edad de jubilación. La variable crítica debe ser la efectividad de las cotizaciones a lo largo de la vida laboral. A medida que la región enfrenta este crucial desafío, se hace indispensable centrar la atención en las estrategias que pueden revertir esta tendencia y asegurar un futuro más seguro para sus ciudadanos.
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