El 4 de noviembre de 2025, el Gobierno de Perú dio un paso decisivo al romper relaciones diplomáticas con México. Esta medida fue anunciada durante una rueda de prensa por el ministro de Exteriores peruano, Hugo De Zela, en respuesta al asilo concedido a Betssy Chávez, la ex primera ministra del gobierno de Pedro Castillo, quien está siendo procesada por el intento de golpe de Estado que tuvo lugar a finales de 2022.
De Zela subrayó que esta acción era un “acto inamistoso” y parte de un patrón de intervencionismo por parte de las autoridades mexicanas, tanto del actual presidente Claudia Sheinbaum como de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. Según el canciller, la presencia de Chávez en la embajada mexicana y el apoyo continuo de México al ex presidente Castillo han llevado a esta medida extrema, rompiendo lo que había sido una relación fraternal.
El canciller dejó claro que la ruptura no implica el cese de relaciones consulares y que ahora Perú espera una comunicación formal de México para comenzar el procedimiento de asilo para Chávez. De Zela enfatizó la necesidad de esta decisión, considerando que el Gobierno peruano prioriza la defensa de sus intereses nacionales. A pesar de la grave tensión diplomática, aseguró que no se contempla ninguna acción violenta o intervención en la embajada mexicana, reafirmando el respeto de Perú hacia el derecho internacional.
Betssy Chávez, quien fue liberada el pasado septiembre tras ser considerada como víctima de una detención arbitraria, ha mantenido una posición controvertida en la política peruana. Su implicación en el fallido golpe de Estado del 7 de diciembre de 2022 junto a Castillo ha polarizado la opinión pública y generado una serie de reacciones internacionales.
Ambos líderes mexicanos, Sheinbaum y López Obrador, han insistido en que Castillo fue víctima de un verdadero golpe de Estado, atribuyendo la situación actual a los intereses de ciertos grupos de poder en el Congreso peruano. Esta dinámica tensa entre Perú y México, alimentada por la situación de Chávez y Castillo, marca un capítulo significativo en la política latinoamericana, evidenciando cómo las relaciones entre países pueden verse afectadas por decisiones internas y la interpretación de la justicia.
La historia sigue evolucionando y el futuro de estas relaciones diplomáticas dependerá en gran medida de cómo respondan ambas naciones a esta crisis. La comunidad internacional observa de cerca este desarrollo, que puede tener repercusiones más amplias en la región.
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