En la jornada del 11 de marzo de 2026, el peso mexicano sufrió una notable devaluación frente al dólar, cerrando en 17.6698 unidades por billete verde. Este retroceso de 7.95 centavos, equivalente a una caída del 0.45%, se produjo en un contexto de creciente cautela en los mercados, especialmente ante la escalada de tensiones en Oriente Medio. La situación se agrava debido al bloqueo implementado por Irán en el crucial Estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos para el tránsito y la estabilidad del precio del petróleo.
Durante la sesión, el tipo de cambio fluctuó entre un máximo de 17.7098 y un mínimo de 17.5273. El Índice Dólar (DXY) también reflejó un incremento del 0.35%, alcanzando los 99.28 puntos, evidenciando un fortalecimiento general de la divisa estadounidense en tiempos de incertidumbre.
El impacto en los precios del petróleo ha sido significativo, con el crudo WTI reportando un aumento cercano al 6%, alcanzando los 88.42 dólares por barril. Las declaraciones del gobierno iraní, que advierte un posible incremento en el precio del petróleo hasta los 200 dólares si las hostilidades por parte de Estados Unidos continúan, intensifican aún más la preocupación en los mercados.
Juan Carlos Cruz, CEO de México Financiero, destacó que el tipo de cambio se enfrenta a una presión considerable debido a la volatilidad en el sector energético, con un soporte establecido en 17.50 y una resistencia a corto plazo en 17.70. A su vez, se generan inquietudes en Estados Unidos respecto a la inflación, que se mantuvo estable en febrero con un índice de precios al consumidor interanual del 2.4%. Sin embargo, aún no se han reflejado completamente los efectos de la guerra en Irán, lo que sugiere que la inflación podría acelerarse en marzo.
Jorge González, director de la consultoría Asesores en Divisas y Riesgos, manifestó que el sentimiento del mercado sigue siendo frágil, apuntando que, aunque ha habido pausas en la retórica bélica, la incertidumbre sobre la estabilidad del suministro petrolero mantiene una prima de riesgo que no se puede ignorar.
El panorama económico en este contexto se torna complejo, mientras los inversores permanecen alertas ante la evolución de los acontecimientos en la región y su impacto en el mercado global. Con un nexo directo entre la geopolítica y la economía, es esencial seguir de cerca estos desarrollos que no solo afectan al tipo de cambio, sino a la estabilidad financiera a nivel global.
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