La historia de Roberto Alvarado, el joven futbolista mexicano que se prepara para su segundo Mundial, es un testimonio de perseverancia y talento. Nacido el 7 de septiembre de 1998 en Salamanca, Guanajuato, Alvarado desarrolló su pasión por el fútbol a la tierna edad de siete años, cuando decidió unirse a una escuela de fútbol. Sin embargo, este deseo se presentó con un desafío: sus hermanos mayores, Guillermo y Julio Iván, compartían el mismo interés, y la familia, de clase media, se enfrentaba a la dificultad de financiar sus aspiraciones.
Su padre, empleado en las casetas de cobro de Caminos y Puentes Federales, encontró una oportunidad en su relación con un líder sindical del Sindicato de Electricistas. Este contacto lo llevó a abrir la escuela de fútbol SUTERM, un espacio gratuito para que cualquier niño pudiera aprender. Guillermo Alvarado, el padre, se convirtió no solo en un promotor de sueños futbolísticos, sino también en un guía. Dirigió esta escuela durante nueve años, cultivando no solo habilidades futbolísticas, sino también valores fundamentales.
Roberto, un talentoso mediocampista, mostró su destreza desde temprana edad, jugando en la posición de “10”. A los 11 años, se unió a las fuerzas básicas del Celaya y, a los 15, se convirtió en el jugador más joven en debutar con los Toros en la Liga de Ascenso, un logro que alcanzó casi por casualidad al acompañar a su hermano a entrenamientos. Esta primera incursión fue solo el inicio de su carrera profesional, que lo vio brillar en clubes como Pachuca, Necaxa, Cruz Azul y Chivas.
La disciplina y dedicación de Alvarado se manifestaron en su vida diaria. A lo largo de tres años, realizó el viaje diario a Celaya para entrenar, compaginando sus estudios con el deporte. Aunque enfrentó momentos de rendirse, su pasión por el fútbol lo empujó a seguir adelante. Su entrega y actitud positiva fueron clave, y su habilidad le valió el reconocimiento de entrenadores que lo vieron como un jugador promesa.
En el 2022, ante críticas sobre su inclusión en la selección nacional, Alvarado demostró su valía en el Final Four de la Nations League en 2025, donde brilló casi como carrilero. Heredero del apodo “Piojo”, inspirado por su ídolo de la infancia, Claudio López, ha sabido mantenerse firme a través de las pruebas y exigencias del deporte profesional. Con 66 partidos disputados con el Tricolor y 17 minutos en Qatar 2022, su trayectoria se consolidó con un enfoque inquebrantable en su trabajo.
Hoy, a las puertas de un nuevo Mundial, Guillermo Alvarado, su padre, reflexiona sobre el camino recorrido. La ilusión de ver a su hijo representar a México en el escenario más grande del fútbol, en un torneo que podría celebrarse en su propio país, se mezcla con el orgullo de que Roberto haya aprendido en la escuela de fútbol que él mismo fundó. La vida de Roberto Alvarado es más que un relato de éxito; es un homenaje a la familia, el sacrificio y una pasión que lo ha llevado a un destino soñado.
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