Hoy se presenta a las cámaras del Congreso de la Unión el Paquete Económico 2027, el tercero bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. La expectativa es alta, dado el contexto de las finanzas públicas recientes y el manejo del déficit fiscal por parte del gobierno.
La administración del expresidente López Obrador cerró su gestión con un preocupante déficit fiscal. A finales de 2024, los Requerimientos Financieros del Sector Público alcanzaron un 5.4% del PIB, aunque algunas estimaciones lo situaban en un 5.8%. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se comprometió en 2025 a reducir este déficit a 3.9% del PIB, previniendo una caída aún mayor al 3.2% para 2026. Sin embargo, los resultados fueron decepcionantes: al cierre de 2025, el déficit se situó en 4.3%. Para el Paquete Económico 2026, la SHCP revisó sus expectativas, ajustando su meta de déficit a 4.1% del PIB, en lugar del 3.2% inicialmente propuesto.
En marzo pasado, la SHCP presentó los Pre-Criterios de Política Económica para 2027, señalando un déficit proyectado del 3.5% del PIB. No obstante, la constante modificación de metas a lo largo del año genera escepticismo. Economistas advierten que alcanzar un déficit por debajo del 4.0% parece casi imposible, dadas las dinámicas fiscales actuales.
El día de hoy, se estará atento a las propuestas de la SHCP en relación al presupuesto, que busca incluir un aumento significativo en el gasto para programas sociales, alcanzando potencialmente a 45 millones de beneficiarios únicos en 2027. Aunque se anticipa un incremento de alrededor de 95 mil millones de pesos, la necesidad de fondos adicionales se eleva, considerando el crecimiento en pensiones y costos financieros.
La situación es clara: para cubrir estos aumentos, el gobierno deberá encontrar empresas creativas que generen al menos 210 mil millones de pesos adicionales. La viabilidad de lograr este ingreso sustancial, sin aumentar el endeudamiento, es cuestionable. Las proyecciones económicas para 2027 no sugieren un aumento de ingresos notable respecto a 2026, lo que hace que cualquier recorte en el gasto en inversión se vea aún más alarmante.
La credibilidad de la política fiscal de la administración actual ha sido cuestionada. Hasta la fecha, ha fallado en cumplir con las metas anunciadas, lo cual plantea interrogantes sobre las estrategias futuras. Las propuestas para 2027 se vuelven imperativas, ya que son un reflejo de la dirección económica del país y de la capacidad del gobierno para gestionar eficientemente las finanzas públicas en tiempos de incertidumbre.
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