Donald Trump ha amenazado con bloquear la venta de aviones del fabricante canadiense Bombardier en Estados Unidos, un movimiento que coincide con el aumento de tensiones comerciales entre ambos países. La declaración se produjo el 7 de septiembre de 2026, horas antes de que Canadá implementara una nueva ronda de aranceles de represalia contra productos estadounidenses.
El expresidente utilizó su plataforma Truth Social para afirmar: “¡No más venta de Bombardier en Estados Unidos!”, argumentando que la empresa debería fabricar sus aviones en territorio estadounidense. Según Trump, Canadá ha estado obstruyendo a las instituciones financieras y empresas de EE. UU., aunque no detalló cómo llevaría a cabo esta prohibición ni si aplicaría un recargo a las importaciones.
Es interesante señalar que Bombardier, que obtiene más de la mitad de sus ingresos del mercado estadounidense, tiene una extensa red de más de 2,800 proveedores en 47 estados. Por ejemplo, el modelo Global 7500 depende de manufactura local significativa, con piezas como las alas fabricadas en Texas y los motores en Indiana, antes de su ensamblaje final en Canadá.
No es la primera vez que Trump se dirige a Bombardier. En enero, tras lo que consideró una negativa de Canadá a aprobar nuevos modelos fabricados en EE. UU., ya había advertido sobre la posibilidad de retirar los permisos de la compañía y de imponer un arancel del 50% a sus aviones. Sin embargo, esa amenaza no se llevó a cabo; Trump sugirió que Canadá aprobó los modelos por su intervención directa.
Recientemente, la disputa comercial entre ambos países se ha intensificado. Después de que las negociaciones bilaterales fracasaran, EE. UU. impuso aranceles del 50% a productos canadienses valorados en cerca de 20.000 millones de dólares, afectando artículos que van desde palos de hockey hasta cemento, a partir del 22 de agosto de 2026.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha calificado las condiciones impuestas por Estados Unidos como inaceptables y ha anunciado que Ottawa implementará contramedidas que incluyen aranceles de hasta el 50% sobre una variedad de importaciones estadounidenses, como acero y productos lácteos. Además, Carney ha reforzado los cargos sobre derivados siderúrgicos de EE. UU., con proyecciones de aumentarlos del 25% al 50%.
Los diálogos entre ambos gobiernos se han interrumpido tras múltiples reuniones en Washington, siendo Carney quien anunció la suspensión, señalando las imposiciones “inaceptables”. En particular, el primer ministro destacó las restricciones impuestas a los acuerdos comerciales de Canadá con otros países y denunció las “amenazas” dirigidas a la cultura quebequense.
Así se desarrolla este conflicto, que no solo afecta a empresas y economías, sino que también reaviva debates sobre las prácticas comerciales y diplomáticas en ambos lados de la frontera.
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