En la reciente Vuelta a España, el ciclista Tadej Pogacar ha mostrado una vez más por qué es considerado uno de los mejores en el deporte. En el exigente terreno del Principado de Andorra, él logró destrozar algunos de los registros más emblemáticos de las ascensiones de la carrera.
El escenario principal de esta espectacular exhibición fue la Collada de Beixalís, un puerto de 6,5 kilómetros con una inclinación media del 8,5% y un desnivel de 554 metros. Allí, Pogacar ejecutó un ataque decisivo en una de las rampas más desafiantes, logrando marcharse en solitario tras dejar atrás a sus competidores, incluido a Felix Gall, quien no pudo mantener el ritmo. Completar esta ascensión en tan solo 17 minutos y 34 segundos, con una Velocidad de Ascensión Media (VAM) cercana a 1900 metros por hora y una potencia estimada de casi 7 eW/kg, señala un esfuerzo que dejó a sus rivales completamente impotentes a 50 kilómetros de la meta. Este impresionante tiempo destrozó el anterior récord de 18:58 establecido por Sepp Kuss en 2021.
No terminó ahí; después de un descenso técnico y vertiginoso, Pogacar continuó su demostración en el Coll d’Ordino, un puerto más largo de 9,7 kilómetros con un desnivel de 691 metros y una inclinación media del 7,12%. A pesar del esfuerzo realizado previamente, el líder del UAE entrenó su ritmo, coronando Ordino a 25 km/h. Manteniendo una elevada potencia de 6,82 eW/kg durante más de 23 minutos, concretamente 23:22, selló su segundo récord de la jornada, alejando al pelotón a más de tres minutos y consolidando su actuación como una de las más impresionantes en la historia de la Vuelta.
Este estilo de competencia no es nuevo para el esloveno. En el pasado Tour de Francia, Pogacar dejó huella al pulverizar el récord del Tourmalet por la vertiente de Sainte Marie de Campan con un tiempo de 43:08, alcanzando una media de 23,5 km/h. Posteriormente, en el Alpe d’Huez, completó la subida en 35:26, superando el récord previamente establecido por Marco Pantani en 1995, que era de 36:40.
Con cada carrera, Tadej Pogacar sigue demostrando que no solo corre contra sus oponentes, sino que además desafía el tiempo y la historia del ciclismo. Su rendimiento es un espectáculo que deja a los aficionados sin aliento, un recordatorio del nivel extraordinario alcanzado en el ciclismo moderno.
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