El reciente huracán Polo, que alcanzó vientos sostenidos de 285 km/h, se posiciona como el segundo más potente que se haya formado en el océano Pacífico en más de una década. Su intensificación explosiva y prolongada permanencia en categoría 5 resultaron en una baja afectación en las costas de México, un alivio temporal según los expertos. Sin embargo, este fenómeno es un precursor de los efectos de la inminente anomalía térmica del océano, conocido como “Súper Niño”.
Las autoridades, centradas en evaluar daños y protocolos de respuesta, y los medios, enfocando su atención en imágenes satelitales, pueden estar perdiendo de vista un problema mayor: la inadecuada preparación para un futuro climático desafiante. Las proyecciones climáticas sugieren que “Súper Niño” aumentará la presión sobre el sistema agropecuario, incrementando el riesgo de un déficit en embalses agrícolas y, por ende, afectando los rendimientos de cultivos esenciales.
El más reciente reporte de Conagua indica que el nivel de almacenamiento del Sistema Cutzamala está al 85% de su capacidad. Aunque este dato parezca tranquilizador, la realidad es que las olas de calor extremas y las alteraciones en las lluvias podrían llevar a la implantación de un “impuesto climático” en el sector agropecuario. Los expertos advierten que esta situación podría añadir más de medio punto porcentual a la inflación general, lo que implica un efecto significativo en la economía.
Afrontando un escenario como el mencionado, elevar la tasa de interés de referencia por parte del Banco de México no resolvería los problemas si las lluvias escasean. La falta de inversión en infraestructura esencial —como la captación de lluvia, tratamiento de aguas y modernización de riego— se torna evidente y crítica.
La experiencia de Polo debe servir de reflexión. Es fundamental desarrollar coberturas financieras agropecuarias robustas, fortalecer los fondos de prevención y establecer un plan hídrico nacional sostenible a largo plazo. Aunque se han reforzado los planes de contingencia, es vital comprender que el “Súper Niño” puede provocar fenómenos extremos que concentren lluvias torrenciales en períodos breves, mientras que amplias zonas padecen sequías.
El tiempo no está de nuestro lado. Las señales del “Súper Niño” ya se comienzan a notar y los rezagos en infraestructura son significativos. No obstante, hay decisiones financieras y presupuestales que se pueden tomar para mitigar los impactos de este fenómeno climático. La preparación es clave y la comunicación pública sobre la necesidad de adaptarnos a un futuro complicado se vuelve urgente.
La construcción de un robusto marco de prevención y la planificación adecuada no son solo deseos, son necesidades apremiantes para enfrentar el cambio climático y preservar el bienestar del país.
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