En la actualidad, el acceso y la inclusión en el mundo del arte y el entretenimiento son temas de creciente relevancia, especialmente para las comunidades sordas y con pérdidas auditivas. Aunque teatros y cines han proclamado un compromiso con la diversidad, muchos de estos espacios siguen excluyendo a las personas sordas de la experiencia artística, planteando una pregunta crucial: ¿por qué las audiencias sordas son aún tratadas como una consideración secundaria?
El término “sordo” se utiliza aquí como un término paraguas que abarca a personas sordas, con discapacidad auditiva o aquellas con cierta pérdida de audición. En el Reino Unido, se estima que alrededor del 14% de la población se encuentra en esta categoría, lo que representa a una de cada siete personas. Sin embargo, las estadísticas revelan que, en promedio, los cines ofrecen subtítulos en solo el 1% de todas sus proyecciones. Aunque muchos films se distribuyen con pistas de subtítulos, la realidad en las salas es otra: la oferta de funciones reflejando la inclusión sigue siendo mínima y, en muchas ocasiones, insuficiente.
Esta falta de accesibilidad se clasifica como “deafwashing”, un término que denota un esfuerzo superficial por incluir a las personas sordas mientras se perpetúa su exclusión real. Las funciones de teatro suelen ofrecer solo una función subtitulada o interpretada en lengua de señas británica (BSL) por cada serie de presentaciones, sin considerar la demanda de una experiencia accesible en todas las funciones. Esta situación se vuelve aún más alarmante cuando se considera que la salud mental de las personas sordas está en riesgo; padecen tasas más altas de depresión, ansiedad y soledad, exacerbadas por la exclusión social y la falta de acceso a actividades culturales.
La experiencia de asistir a un teatro o cine no es simplemente una forma de entretenimiento, es un medio para conectar con otros, participar en conversaciones compartidas y sentir pertenencia a una comunidad. Sin embargo, los accesos limitados son a menudo justificados bajo la premisa de que las características de accesibilidad son intrusivas o indeseadas por el público general, una suposición que carece de fundamentos empíricos. Por otro lado, numerosas personas oyentes también encuentran útiles los subtítulos, incluyendo a aquellos con neurodiversidad, ancianos y hablantes no nativos.
Recientemente, se ha comenzado a implementar gafas de subtítulos en algunos cines, lo que representa una mejora en comparación a la total falta de acceso, pero dicho esfuerzo todavía puede etiquetar a las audiencias sordas, forzándolas a usar soluciones que las destacan visiblemente. Este enfoque reactivo y aislado hacia la accesibilidad se deriva de una historia de exclusión institucional, que ve la accesibilidad como una medida acomodaticia, en lugar de una parte integral del diseño artístico.
El concepto de diseño universal propone que todos los entornos se configuren para propiciar la participación de la mayor cantidad de personas desde el inicio, en lugar de ser algo añadido posteriormente. Un ejemplo sobresaliente de esta filosofía se observó en la obra “Under Milk Wood”, presentada por Craidd, que integró subtítulos, interpretación en BSL y descripciones de audio de manera armónica en la experiencia teatral. Esta integración no solo benefició a la audiencia sorda, sino que enriqueció al público en general, demostrando que la accesibilidad puede ser un componente enriquecedor en las artes.
La realidad es que la inclusión en el arte no es solo tan posible como necesaria. La planificación de la accesibilidad debe ser parte del proceso creador desde el principio, en la misma medida que la consideración presupuestaria de otros elementos de producción. Para que las audiencias sordas no se sientan como unas más en un mundo diseñado sin ellas, es fundamental que los espacios culturales y creativos comiencen a ver la accesibilidad como un derecho, no como un privilegio.
En conclusión, es vital que los responsables de decisiones en el ámbito cultural comprendan que la inclusión va más allá de un simple saludo a la diversidad; se trata de permitir a todos, incluidas las audiencias sordas, disfrutar de una experiencia artística que sea igual de espontánea y enriquecedora. Para lograr esto, se necesita un cambio de paradigma que incluya a más creadores sordos en roles significativos y deje de ver la accesibilidad como una carga, sino como un componente esencial del arte. Solo así se podrá avanzar hacia un futuro donde todos se sientan bienvenidos en el vibrante mundo de las artes.
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