El 28 de septiembre de 2026, el primer ministro de Líbano, Nawaf Salam, se reunió en Washington con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, para instar a la pronta implementación del acuerdo marco alcanzado con Israel en junio, bajo el auspicio estadounidense. Este pacto, que incluye la retirada gradual de las fuerzas israelíes y el desarme de Hezbollah, se ha estancado, lo que ha llevado a Salam a solicitar avances claros y concretos.
Durante la reunión, Salam manifestó su deseo de pasar a la fase de aplicación del acuerdo, destacando la necesidad de traducir los principios de reciprocidad y fases de implementación en acciones tangibles en el terreno. El objetivo es restablecer la plena soberanía del Líbano, asegurando la retirada total de las fuerzas israelíes y el control exclusivo de las armas por parte del Estado libanés.
A la conversación se unieron el canciller libanés, Youssef Rajji, y otros representantes, mientras que Rubio reafirmó el compromiso de Washington con Líbano y sus instituciones. Un aspecto crucial que Salam enfatizó fue la creación de un mecanismo de verificación efectivo que supervise la implementación del acuerdo, al mismo tiempo que solicitó un apoyo continuo al ejército libanés para desarmar a Hezbollah.
Hezbollah, respaldado por Irán, provocó una crisis regional a raíz de sus ataques contra Israel en marzo, lo que desencadenó una contundente respuesta militar israelí. Esta escalada ha resultado en más de 4,300 muertes, según cifras oficiales en Líbano. Un acuerdo firmado el 26 de junio fue presentado como un primer paso hacia la resolución del conflicto, aunque no obliga a Israel a abandonar la extensa zona que ocupa en el sur de Líbano.
El acuerdo propone que el ejército libanés se despliegue en el sur, comenzando por áreas piloto, como parte de un mecanismo de redespliegue gradual y supervisado. Sin embargo, la situación ha sido tensa, con Israel manteniendo ataques y ocupación en algunas zonas, a pesar de las conversaciones de paz en curso. Recientemente, Líbano reportó una explosión tras un ataque israelí en la localidad de Mansouri, lo que resalta la fragilidad del alto el fuego.
La limitación en el avance del proceso se ve exacerbada por la negativa de Hezbollah a desarmarse. Un análisis reciente sugiere que la efectividad de las zonas piloto depende de la voluntad de ambas partes y del interés de Washington en mediar de manera efectiva. Salam ha destacado la necesidad de que las zonas piloto se amplíen como una forma de medir el progreso real del acuerdo.
Con la complejidad de la situación en la región y la presión constante de los grupos involucrados, el futuro del acuerdo y la estabilidad del Líbano restantes son inciertos. La capacidad del ejército libanés para desarmar a Hezbollah y la disposición de Israel para coordinar su retirada son elementos esenciales que determinarán el éxito de este proceso crucial para el país.
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