El fenómeno climático conocido como El Niño podría manifestarse en toda su intensidad durante este año, según recientes declaraciones del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos. Hay un 82% de probabilidad de que este fenómeno se desarrolle en algún momento entre mayo y julio, y se anticipa que mantenga su presencia durante el invierno boreal, con una probabilidad sorprendente del 96% para el periodo de diciembre de 2026 a febrero de 2027.
La situación se complica debido a que, aunque la certeza sobre el surgimiento de El Niño ha crecido, persiste una notable incertidumbre en cuanto a su potencial intensidad. Hasta el momento, ninguna categoría de intensidad ha superado el 37% de probabilidad, lo que sugiere que los efectos pueden variar en magnitud.
El Niño se define como un calentamiento anómalo de las temperaturas superficiales del océano en el centro y este del Pacífico tropical, lo que conlleva un aumento en las temperaturas del agua. Este fenómeno meteorológico puede generar una serie de consecuencias climáticas adversas, como inundaciones y sequías, que impactan negativamente los cultivos. Durante condiciones neutras del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), las temperaturas del agua tienden a estar en niveles más estables, lo que normalmente facilita un mejor rendimiento agrícola.
Se prevé un desarrollo intenso del fenómeno hacia finales del verano boreal, lo que podría acentuar los efectos de un clima ya afectado por varios factores. Kyle Tapley, de la empresa Vaisala Xweather, señala que en el sudeste asiático y Australia, la correlación más significativa entre los patrones climáticos y El Niño suele dar lugar a una producción reducida de cultivos clave, como el aceite de palma y el trigo.
Las proyecciones indican que este podría ser el fenómeno de El Niño más intenso de la última década, trayendo consigo un clima más cálido y seco para la segunda mitad de 2026 en Asia. Esto podría desencadenar efectos adversos en la producción alimentaria, especialmente en un contexto de costos elevados de insumos y escasez de fertilizantes exacerbados por la guerra en Irán. Se estima además que la producción de arroz podría disminuir, ya que muchos agricultores en la región están reduciendo la siembra en respuesta a estos desafíos.
En Indonesia, se anticipa que la cosecha de aceite de palma crudo podría caer hasta dos millones de toneladas en comparación con 2025, un cambio que podría estar relacionado tanto con el clima seco vinculado a El Niño como con el encarecimiento de los fertilizantes.
Por último, la oficina meteorológica de Japón también ha aportado datos que refuerzan esta preocupación, indicando un 90% de probabilidad de que El Niño se materialice antes del verano boreal. Con estas proyecciones, queda claro que los próximos meses serán críticos tanto para los agricultores como para los mercados globales, que deberán adaptarse a un entorno climático incierto.
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