Washington.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tomado medidas decisivas para impulsar el crecimiento del sector de la energía nuclear en su país, mediante la firma de tres órdenes ejecutivas el pasado viernes. Estas acciones estratégicas no solo se centran en el desarrollo de nuevos tipos de reactores compactos, sino que también buscan fortalecer la producción de combustible nuclear y aumentar las exportaciones en este ámbito.
Una de las órdenes, destacada durante la ceremonia de firma en la Casa Blanca, está diseñada para abordar la creciente demanda energética anticipada en sectores como la inteligencia artificial y la defensa. Con este objetivo, se acelerarán los procesos regulatorios para el despliegue y la adopción de reactores modulares pequeños (SMR), una tecnología que aún no cuenta con aplicación comercial a gran escala.
Además, esta iniciativa crea un puesto de enviado especial encargado de promover la exportación de tecnología nuclear e insta al Departamento de Energía a revisar y aprobar marcos que permitan aumentar el enriquecimiento de uranio dentro de Estados Unidos, donde actualmente más de un tercio del combustible atómico proviene del exterior.
La segunda orden se centra en una reforma a la Comisión Reguladora Nuclear (NRC), con el propósito de eliminar lo que la Administración Trump considera obstáculos para la construcción y el uso comercial de reactores nucleares. La meta es cuadruplicar la producción de energía nuclear en un horizonte de dos décadas y media.
Por otro lado, la tercera orden hace uso de la Ley de Producción de Defensa, reforzando la colaboración entre el sector privado y el gobierno para garantizar un suministro continuo de combustible nuclear en el futuro. Según declaraciones de la Casa Blanca, estas órdenes permitirán pruebas de diseño de reactores en los laboratorios del Departamento de Energía, facilitarán la construcción de plantas en terrenos federales y eliminarán barreras regulatorias, exigiendo que la NRC emita licencias de forma ágil y oportuna.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero, el impulso de Trump al sector energético ha sido una de sus prioridades clave.
Irán y Estados Unidos, por su parte, se preparan para enfrentar la quinta ronda de negociaciones nucleares, un encuentro marcado por una creciente distancia entre las partes debido a sus diferencias en torno al enriquecimiento de uranio iraní. Mientras Washington busca poner fin a este proceso, Teherán se muestra firme en su insistencia por continuar.
Las tensiones han aumentado después de declaraciones del enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, Steve Witkoff, quien subrayó que el enriquecimiento de uranio por parte de Irán es una línea roja para el país norteamericano. Este ha afirmado que no pueden permitir ninguna capacidad de enriquecimiento, incluso en un ámbito mínimo.
Previamente, el acuerdo nuclear de 2015 limitaba el programa de Irán a 300 kilos de uranio enriquecido a un máximo del 3.67 por ciento. Sin embargo, tras la salida de Trump de dicho pacto en 2018, las reservas de uranio de Teherán han aumentado considerablemente, alcanzando ya más de 8.294 kilos, de los cuales 274 se encuentran a una pureza del 60 por ciento, según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Esta información es actual hasta la fecha original de publicación, el 23 de mayo de 2025.
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