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¿Puede la ética comercial unir en crisis?

por en NegociosTiempo de lectura: 3 min
¿Puede la ética comercial unir en crisis?

La desconfianza en gobiernos, medios de comunicación e instituciones se ha convertido en una característica palpable de nuestra sociedad actual. Sin embargo, un dato relevante emerge de los hallazgos del barómetro Edelman: en 2026, el 64% de la población mundial confía en las empresas en general, un porcentaje que supera la confianza depositada en gobiernos (53%), medios de comunicación (54%) y ONGs (58%). Aún más interesante es que el 78% de los encuestados confían en su propio empleador. Este panorama sugiere que, a pesar de la creciente desconfianza en otras entidades, las empresas mantienen una posición relativamente fuerte.

Durante mucho tiempo, la comunicación corporativa ha enfatizado la importancia de que las empresas dialoguen con sus públicos. No obstante, el catedrático de Ética Domingo García-Marzá destaca que la legitimidad empresarial no proviene únicamente de una buena comunicación, sino de su disposición a justificar sus decisiones en un proceso de diálogo ético. Así, la empresa se transforma en un puente que conecta diferentes sectores de la sociedad, contribuyendo a restaurar la confianza social, en lugar de sustituir a las instituciones.

La visión de Adela Cortina acerca de la ética cívica es también relevante aquí, argumentando que las organizaciones deben promover valores compartidos que faciliten la convivencia democrática. En este contexto, el papel de la empresa mediadora no es eliminar conflictos, sino propiciar un entorno en el que las diferencias puedan ser discutidas de manera razonable.

El propósito de una empresa se presenta como un elemento esencial para esta mediación. No se trata de un simple recurso publicitario, sino de un marco normativo que orienta la toma de decisiones y refuerza la legitimidad social. Mientras el propósito se traduzca en acciones que respeten la dignidad humana y apoyen el bien común, se fortalece la conexión entre el desempeño económico y la responsabilidad social. Esto evita desviaciones hacia prácticas de superficialidad empresarial como el “greenwashing”.

Para actuar como un aglutinador social, las empresas deben ir más allá de intentar cambiar opiniones o asumir posturas políticas. Su función se centra en facilitar que personas con pensamientos divergentes coexistan, se escuchen y colaboren en metas comunes. Fomentar un diálogo constructivo en el entorno laboral se convierte en una tarea vital. Para ello, es crucial implementar una cultura corporativa que valore la diversidad en opiniones y que permita la expresión de desacuerdos de forma segura y respetuosa.

El liderazgo ejecutivo juega un papel determinante en este proceso, ya que los directivos son modelos a seguir. Deben encarnar el propósito corporativo y fomentar un ambiente donde todas las opiniones sean valoradas, creando así un entorno de seguridad psicológica.

La ética en la inteligencia artificial se ha vuelto especialmente crítica, dado que las empresas están a la vanguardia en el desarrollo de tecnologías que impactan en ámbitos como el empleo y la toma de decisiones. Según el filósofo Patrici Calvo, la ética de la inteligencia artificial debe ser parte integral de la gobernanza organizacional. En este sentido, la empresa mediadora tiene la responsabilidad de garantizar un uso responsable de estas tecnologías.

No se debe subestimar el capital de confianza con el que cuentan las organizaciones empresariales, ya que puede verse fácilmente erosionado si no se mantiene coherencia entre el propósito y las acciones. Sin embargo, surge una oportunidad singular: ante un mundo polarizado, aquellas empresas que adopten un propósito ético y actúen como verdaderos espacios de diálogo pueden contribuir a restaurar los lazos que unen a la sociedad. Es fundamental que el poder económico, lejos de ser neutro, asuma su responsabilidad social y utilice su influencia para fomentar el bienestar comunitario.

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Datos basados en información reportada originalmente por eleconomista.com.mx.

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