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Pumas rozó la gloria y terminó abrazado al desencanto. Durante unos minutos, el Estadio Olímpico Universitario se preparaba para una cita histórica: recibir en sus gradas a Lionel Messi en un duelo oficial. Pero el fútbol, en su versión más cruel, tenía otros planes.
Vancouver Whitecaps silenció a la afición auriazul con un gol en el último suspiro que cambió todo. El empate 2-2 en la vuelta de los cuartos de final de la Concacaf Champions Cup fue suficiente para que el conjunto canadiense avanzara a semifinales gracias al criterio del gol de visitante, tras igualar 1-1 en la ida. Un golpe seco, directo al corazón de la ilusión universitaria.
La noche parecía torcerse temprano, cuando Sebastian Berhalter marcó para Vancouver al minuto 33 y borró de un plumazo la ventaja que Pumas traía en la serie. Pero la respuesta fue inmediata, casi visceral. César ‘Memote’ Martínez encendió el estadio con el empate, devolviendo el alma al cuerpo de los locales.
El segundo tiempo fue una guerra de nervios. El juego se trabó, el dramatismo escaló y cada pelota dividida se sintió como un presagio. Los tiempos extra asomaban en el horizonte cuando Ignacio Pusetto rompió la tensión con un gol al minuto 88 que parecía ser el pasaporte a la gloria. Ciudad Universitaria estalló con la esperanza de un duelo ante Messi y el Inter Miami. Pero ese sueño duró poco.
En el tiempo agregado, Tristan Blackmon encontró un centro por derecha y, sin dar respiro, fusiló a Álex Padilla. El balón besó la red y sepultó la noche, las esperanzas y cualquier posibilidad de ver al astro argentino pisando CU en un partido oficial. Vancouver, con ese zarpazo final, desató la desolación.
El golpe fue doble. Además de la eliminación, se esfumó la posibilidad de una final 100% mexicana en el torneo. Ahora será el conjunto canadiense quien se enfrente al Inter Miami de Messi por el boleto a la gran final, mientras del otro lado del cuadro esperan Cruz Azul y Tigres.
Para Pumas, la noche quedó marcada por lo que pudo ser. Por ese instante en que el destino parecía alinearse con la historia. Pero como suele ocurrir en el fútbol, la última palabra no siempre la dice el que más sueña, sino el que resiste hasta el final.
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