En enero de 2012, la vida de Omar ‘El Gato’ Ortiz, un reconocido exportero de equipos de fútbol como Rayados de Monterrey, Jaguares de Chiapas, Necaxa, Atlante y Celaya, experimentó un giro dramático. Fue detenido y acusado de ser miembro de una banda de secuestradores, un viraje que contrastaba con su anterior éxito deportivo.
Su carrera, que había sido prometedora, comenzó a desmoronarse en 2010, cuando se vio envuelto en un escándalo de dopaje tras dar positivo por el uso de esteroides como oxymetholone y masteron. Esta suspensión presagió su caída, ya que, solo dos años después, perdió su libertad al ser aprehendido.
Las autoridades confirmaron que su implicación en la banda iba más allá de la mera asociación; Ortiz desempeñó el papel de identificador de víctimas gracias a su amplio círculo social. Según confesó, participó en tres secuestros a cambio de 300 mil pesos, haciendo referencia a uno de los casos más notorios relacionado con Armando Gómez, esposo de la famosa cantante Gloria Trevi.
En 2019, se conoció la sentencia que lo condenó a 75 años de prisión por varios delitos, incluyendo secuestro y retención ilegal de una menor. Actualmente cumple su condena en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de Cadereyta, Nuevo León.
A la fecha de su detención, Ortiz contaba con 35 años, y de acuerdo a las leyes locales, aquellas personas condenadas a 60 años pueden beneficiarse de una reducción de penas. Así, a pesar de su condena severa, podría salir de prisión en el año 2072, un futuro distante que resuena en la esfera pública.
La vida de ‘El Gato’ Ortiz es una representación impactante de cómo una carrera en el deporte puede transformarse en un descenso a la criminalidad, dejando a muchos preguntándose sobre las circunstancias que llevaron a un ícono del fútbol a tomar decisiones que lo llevarían a una celda.
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