Quebec atraviesa un momento delicado en cuanto a su demografía, con cifras que reflejan una preocupante caída en la natalidad. En un giro sorprendente, las cadenas de farmacias Jean Coutu y Brunet reportan que están vendiendo más pañales para adultos que para bebés. Esta situación es indicativa de un cambio significativo en la estructura poblacional de la provincia, donde, por primera vez en la historia contemporánea, se han registrado más muertes que nacimientos.
La población que supera los 65 años representa ahora un 23% del total de habitantes en Quebec, un porcentaje que ha sobrepasado a los menores de 19 años. Este fenómeno se ha acentuado en los últimos años, siendo el 2024 un punto crítico donde el número de decesos superó al de recién nacidos. Según reportes, estas cadenas farmacéuticas han medido sus ventas de productos para la incontinencia y para infantes, aunque sin revelar cifras específicas por motivos de confidencialidad.
La disminución de la natalidad no es un fenómeno aislado, sino que se ha convertido en parte crucial de la agenda política en la actual campaña electoral, donde los partidos presentan propuestas dirigidas a jóvenes y familias. La tasa de fecundidad en Quebec ha caído a 1,34 hijos por mujer, un dato alarmante en comparación con el nivel de reemplazo demográfico que exige un promedio de 2,1 nacimientos. Este descenso se ha gestado a lo largo de décadas, exacerbado por la crisis económica global de 2008 y más recientemente, por la incertidumbre provocada por la pandemia de 2020.
Un reciente estudio publicado por investigadores de la Universidad de Quebec en Montreal revela que la intención de las mujeres de tener hijos ha ido en declive desde 2011, siendo este retroceso más acentuado desde 2017. La variedad de factores que influyen en esta situación es amplia: desde el costo de la vida, que se enfrenta a incrementos constantes, hasta la presión social que anima a los jóvenes a priorizar su carrera y su educación.
Se estima que la edad promedio para tener el primer hijo en Quebec ha alcanzado los 30 años, el número más alto registrado hasta ahora. En este contexto, las propuestas de los partidos políticos han comenzado a centrarse en medidas que, aunque no necesariamente son pronatalistas, buscan mejorar las condiciones de vida para las familias. Por ejemplo, la Coalición por el Futuro de Quebec (CAQ) ha sugerido extensiones en las licencias parentales y depósitos en planes de ahorro para la educación.
Líderes de diferentes partidos han expresado preocupaciones sobre cómo revertir esta tendencia demográfica. El Partido Quebequense, por ejemplo, se ha comprometido a desglosar su programa familiar y abordar los obstáculos que enfrentan las familias al momento de concebir. En contraste, Quebec Solidario ha rechazado las políticas pronatalistas y aboga por una mejora en las prestaciones del Plan de Seguro Parental.
Investigadores han sugerido que reforzar el Plan de Seguro Parental podría ser la clave para influir positivamente en la fecundidad en la región. Este plan, que garantiza un porcentaje del salario durante las licencias, enfrenta críticas por no ser lo suficientemente expansivo para prevenir situaciones de pobreza en familias jóvenes.
En resumen, Quebec se encuentra ante un cambio demográfico profundo, que plantea desafíos significativos tanto a nivel político como social. Con una población envejecida y cada vez menos jóvenes optando por tener hijos, las conversaciones políticas se centran en cómo hacer que la maternidad y la paternidad sean viables y atractivas para las nuevas generaciones. Las decisiones que se tomen ahora podrían definir el futuro demográfico de la provincia.
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