El escenario económico entre México y Estados Unidos está más vivo que nunca, destacando a nuestro país como el principal socio comercial del gigante del norte. El año pasado, México no solo se consolidó como el mayor comprador de productos estadounidenses, sino que también se posicionó como el vendedor más importante, un dato que parece desafiar las predicciones de quienes seguían las polémicas declaraciones del entonces candidato Donald Trump.
Las voces empresariales en Estados Unidos, en lugar de demandar la anulación de tratados existentes, abogan por la creación de nuevos acuerdos, lo que pone de relieve la importancia del T-MEC. En este contexto, surge una gran pregunta: ¿cuál será el papel de México en la economía norteamericana en la próxima década?
Es fundamental reconocer que, aunque formamos parte de la cadena de suministro de semiconductores, no destacaremos como una potencia en su fabricación. Empresas como Intel y Amazon ya han establecido operaciones en Jalisco, pero aún queda un largo camino antes de formar grandes empresas proveedoras en este sector.
Para abordar el futuro, es crucial aprovechar las oportunidades inmediatas. La economía de la inteligencia artificial se basa en centros de datos, que, como nuevas carreteras del mundo, necesitan ingredientes clave: energía, tierras raras y talento humano. En el ámbito energético, México ha tenido problemas para realizar su prometida revolución en este sector, una situación que ha perseverado a pesar de los esfuerzos de gobiernos sucesivos.
Con respecto a las tierras raras, hay avances. Recientemente, se firmó un acuerdo entre México y Estados Unidos para proteger el suministro de estos minerales, vitales para tecnologías avanzadas. Este plan incluye la identificación y financiación de proyectos de minería, así como la colaboración en investigación y transparencia del mercado. Sin embargo, la urgencia es palpable, dado el papel esencial de minerales como el neodimio y el praseodimio en dispositivos cruciales para la IA.
Ahora bien, la transformación del talento humano es clave. No hay centros de datos sin datos, y los humanos son quienes saben recopilar y gestionar esta información de manera efectiva. México tiene la capacidad de ofrecer un grupo diverso y altamente calificado, lo que explica el interés global en centros urbanos como la Roma y Condesa en la Ciudad de México.
La pregunta es: ¿cómo replicar este atractivo en otras regiones del país? El fenómeno de Val’Quirico, un pueblo de fantasía en Tlaxcala que ha atraído a miles, y su réplica en Baja California, sugiere que es posible crear “islas” donde la gente quiera vivir, trabajar y permanecer. Chetumal también está alineando planes prioritarios para atraer talento, mostrando que el desarrollo económico puede ser estratégico y localizado.
La meta a largo plazo debería ser desarrollar nuestra propia tecnología para ser competitivos, pero a corto plazo, es fundamental crear más zonas que atraigan a talento que busca escapar de los altos costos de vivir en Estados Unidos y Europa. Esto impulsará negocios asociados a los centros de datos, como el sector inmobiliario y servicios relacionados.
En resumen, mientras lidiamos con los desafíos energéticos y de recursos minerales, es evidente que México tiene el potencial de generar un entorno favorable para el nuevo tipo de economía basada en el conocimiento. El T-MEC y otros acuerdos seguramente permanecerán relevantes en este contexto, reafirmando la interdependencia entre México y Estados Unidos.
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