El Comité de Competición ha decidido sancionar a Matías Almeyda con un total de siete partidos tras su expulsión en el enfrentamiento ante el Alavés, evento sucedido el pasado miércoles. Esta decisión fue tomada en virtud del acta redactada por el árbitro Iosu Galech Apezteguía. El Sevilla, que presentó alegaciones a esta resolución, anticipaba un castigo severo dado el descontento del colectivo arbitral por lo acontecido en el Ramón Sánchez-Pizjuán. A pesar de los intentos del club por minimizar la suspensión de su entrenador, esta sanción podría impactar significativamente en el futuro inmediato del equipo.
Almeyda ha recibido castigos específicos que incluyen dos partidos por protestas hacia el árbitro, uno por no dirigirse al vestuario tras su expulsión y tres más por actitudes de menosprecio o desconsideración hacia los árbitros. Además, un partido fue añadido por conductas contrarias al buen orden. Este contexto marca un momento crítico para el Sevilla, que se encuentra luchando por su permanencia en LaLiga. El próximo desafío será un partido trascendental en Getafe, en el cual Almeyda no podrá ejercer su rol desde el banquillo.
Este es el segundo incidente en que el técnico argentino es expulsado en esta temporada, tras haber sido enviado a las gradas en su visita al Santiago Bernabéu, durante el último partido del año 2025. La reciente expulsión y la controversia con el árbitro, junto a la doble amarilla recibida por Juanlu que dejó al Sevilla con un jugador menos desde el minuto 16, han generado una gran frustración dentro del club. Además, se ha sumado la controversia por un posible penalti a Agoumé que no fue señalado, incrementando así la presión sobre la dirección arbitral.
El presidente del Sevilla, José María del Nido Carrasco, no ha permanecido en silencio y se ha puesto en contacto con los responsables del Comité Técnico de Árbitros (CTA) para presentar formalmente su queja sobre los arbitrajes, solicitando una “unificación de criterios” en las decisiones tomadas en el terreno de juego.
Al concluir el partido, Almeyda ofreció una sincera disculpa a la afición y a su familia por su reacción que condujo a la expulsión. Expresó su frustración sobre la falta de comunicación por parte del árbitro al no explicarle las razones de su expulsión, lo que lo llevó a perder la calma en un momento de alta tensión. Este episodio no solo resalta la presión que enfrenta un entrenador en situaciones críticas, sino también el desencanto que puede surgir de la falta de claridad en decisiones arbitrales que afectan el curso de la competición.
Este desarrollo se produce en un contexto en el que cada partido cuenta, y el Sevilla se encuentra en una encrucijada crucial para su futuro en LaLiga. A medida que se aproxima el partido contra el Getafe, la ausencia de Almeyda será un factor a tener en cuenta en la búsqueda de puntos vitales para la permanencia del club en la máxima categoría del fútbol español.
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