El venezolano Rafael Cadenas, poeta, ensayista y profesor universitario, tiene una trayectoria digna de admirar comenzó formando parte del grupo «Tabla Redonda» de Latinoamérica en la década de los sesenta. Actualmente recibirá el Premio Cervantes en la ceremonia del 23 de abril de 2023. En varios encuentros en los que ha participado las últimas semanas ha agradecido a ese país los premios que le han otorgado y de los que ha podido vivir.
En la cita en su casa, rememora las estancias en la Residencia de Estudiantes de Madrid durante esos viajes. “Ahí estuvieron los poetas del 27″, dice, mientras va cosiendo la conversación con silencios. “Cuando nos alojábamos allá yo jugaba con la idea de que en el cuarto que nos daban seguramente había dormido García Lorca o Jorge Guillén o cualquier otro de la generación del 27″.
Ángel González, Luis García Montero y Fernando Savater son parte de las amistades de ese tiempo. Aparece otro recuerdo y se detiene. “Cuando íbamos, casi siempre estaba encargado de la actividad Luis Muñoz, amigo de Rafael Alberti, el único de esa generación que conocí. Vino en una oportunidad y un amigo me encargó darle la bienvenida. Después Alberti vino varias veces a Venezuela, porque tenía amigos españoles. Los transterrados, como los llamábamos”. Una pausa y se lamenta por el intento fallido de Mariano Picón Salas de traer a Caracas a Pedro Salinas. “Hubiera sido importante”, dice. “García Lorca llamaba proesías a los poemas de Pedro Salinas, porque había roto con la rima. También soy gran gustador de la buena prosa”.
Cadenas, con una obra completa editada por Pre-Textos y una antología de Visor, figura esta semana en las listas de los libros de poesía más vendidos en España. El efecto del Cervantes también ha repercutido en que el teléfono de su casa esté sonando mucho. El hijastro de Cadenas, Silvio Orta, ha tenido que hacer malabarismos con la agenda de compromisos e invitaciones que ha recibido el poeta nacido el 8 de abril de 1930 en la ciudad de Barquisimeto, donde en algún momento intentó jugar béisbol y se quedó en aficionado.
“Sé que un premio de esta categoría impresiona mucho, pero sigo siendo el mismo”, comentó ante amigos en la presentación en Caracas de una nueva antología publicada el mes pasado por una editorial ecuatoriana. Y los amigos le contestaron con una risa entre aplausos. “Cuando era joven y conocía a un escritor o a un poeta, ante él me sentía muy tímido. Eso es así. Muchos jóvenes se me acercan con esa actitud de que están ante un maestro. Y yo siempre digo que me llaman maestro, pero en el fondo yo no sé nada”, ahonda desde un sofá de su casa, frente a un maniquí de medio cuerpo de mujer que ha colonizado una esquina de la sala junto a otros incontables y disímiles objetos coleccionados por su esposa.
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