Los feminicidios de Teresita de Jesús y Cindy en Cuautitlán, Estado de México, han dejado una huella profunda en la sociedad mexicana. Estos trágicos hechos, lejos de ser aislados, son reflejo de una alarmante normalización de la violencia de género en el país. El Estado de México se destaca como uno de los lugares más peligrosos para las mujeres, con más de un centenar de colonias identificadas como de alto riesgo.
Un reciente informe de las autoridades revela la existencia de al menos 110 colonias prioritarias en municipios donde se ha declarado Alerta de Violencia de Género. En estos lugares, la sociedad observa un patrón recurrente de agresiones, amenazas y violencia familiar que se intensifica en horarios específicos, especialmente durante la tarde y la noche.
Las colonias más peligrosas según la percepción de las mujeres incluyen Jardines de Morelos y Ciudad Cuauhtémoc, ambas en Ecatepec; así como Villa Xochitenco y Acuitlapilco en Chimalhuacán. Otras amenazas se encuentran en Infonavit Norte y Lomas de San Francisco Tepojaco, en Cuautitlán Izcalli; Ciudad Satélite y San Lorenzo Totolinga en Naucalpan; y Benito Juárez y Campestre Guadalupana en Nezahualcóyotl.
La situación en estos vecindarios es crítica. En Ecatepec, por ejemplo, los reportes indican que Jardines de Morelos y Ciudad Cuauhtémoc concentran una alarmante cantidad de incidentes, lo que pone de relieve un problema que persiste y se consolida en la cotidianidad de sus habitantes.
Los municipios donde se producen más casos de violencia de género incluyen Ecatepec, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Chalco, Ixtapaluca, Tlalnepantla y Valle de Chalco. La violencia en estas áreas ha alcanzado niveles tales que, entre 2022 y 2025, más de 2,600 menores se han visto afectados al quedar huérfanos por feminicidios o desapariciones de sus madres.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades para implementar alertas de género y proporcionar apoyo a las víctimas, el desafío persiste. La violencia de género sigue siendo un problema arraigado, y para muchas mujeres, la inseguridad no es solo una cifra en estadísticas, sino una dura realidad diaria que condiciona sus vidas y limitaciones.
La continua atención a estos temas es crucial para fomentar un cambio real. El Estado de México enfrenta un reto monumental; uno que requiere compromiso y acción efectiva para frenar un ciclo de violencia que debe ser erradicado. Las calles, que deberían ser espacios de libertad, se convierten así en zonas de miedo, donde cada paso puede ser incierto. La esperanza reside en la capacidad colectiva de transformar esta dolorosa narrativa.
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