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Reajustes

por en ColumnasTiempo de lectura: 3 min
Retrato en grabado de Juan Carlos Sánchez Magallán
Ilustración: Columna Digital

Vivimos una etapa marcada por una constante inestabilidad política y comercial a nivel global. Las tensiones derivadas de disputas geoeconómicas, conflictos armados y la redefinición de los dominios comerciales están dando paso a un nuevo orden internacional. En este contexto, América Latina —y particularmente México— no solo enfrenta desafíos, sino también una oportunidad histórica para reposicionarse estratégicamente en el mundo.

Los especialistas en geopolítica y economía internacional coinciden en que estamos ante un proceso de reajuste profundo en las alianzas políticas y comerciales. Este reacomodo responde a tres grandes fuerzas: el comercio internacional, los flujos energéticos y la diplomacia global. De su interacción emergerá una nueva arquitectura geopolítica que redefinirá el equilibrio económico del siglo XXI.

En este escenario, México ha sabido actuar con visión y prudencia. La conducción política de la presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada por la experiencia, capacidad negociadora y visión global de Marcelo Ebrard al frente de la política económica, ha permitido trazar una ruta clara: avanzar con serenidad, pero con determinación. PUBLICIDAD

La relación con Estados Unidos sigue siendo un eje central de esta estrategia. Más allá de los discursos proteccionistas o de las tensiones comerciales, la realidad económica ha demostrado que la integración productiva entre ambos países es profunda y funcional. México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, gracias a un intercambio constante de mercancías, servicios y capital humano que fortalece la competitividad regional.

Un dato es particularmente revelador: a un año de la imposición de aranceles por parte del expresidente Donald Trump, las exportaciones mexicanas no sólo resistieron, sino que crecieron. Este fenómeno no es casualidad. Las empresas han sabido adaptarse, ajustando sus procesos de producción y reconfigurando sus cadenas de suministro para responder a un entorno más exigente.

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) juega un papel determinante en esta dinámica. Actualmente, este acuerdo protege cerca de 83% de los productos nacionales, consolidándose como un instrumento clave para garantizar certidumbre comercial. Tan sólo entre enero y febrero, el comercio total alcanzó los 147 mil millones de dólares, frente a los 138 mil millones registrados en el mismo periodo del año anterior, lo que refleja un crecimiento sostenido y una integración cada vez más sólida.

Pero el alcance de la estrategia mexicana va más allá de la relación bilateral. El fortalecimiento del programa Hecho en México ha impulsado el contenido nacional en las cadenas de valor, elevando la calidad y competitividad de los productos mexicanos en el mercado internacional. Esto no sólo genera crecimiento económico, sino también desarrollo interno y fortalecimiento industrial.

A ello se suma la estrategia de nearshoring, que ha colocado a México como un destino privilegiado para la inversión extranjera. En un mundo donde las empresas buscan reducir riesgos logísticos y acercar sus operaciones a los principales mercados de consumo, nuestro país ofrece ventajas competitivas inigualables: ubicación geográfica, talento humano y un marco comercial robusto.

El llamado Plan México y la política industrial orientada al desarrollo regional —particularmente en el sureste— refuerzan esta visión de largo plazo. Proyectos como el Corredor Interoceánico buscan no sólo dinamizar la economía, sino también equilibrar el crecimiento territorial y aprovechar nuevas rutas estratégicas de comercio global.

En suma, México está construyendo su posicionamiento en el nuevo orden económico con inteligencia estratégica. La combinación de estabilidad, visión política y capacidad de negociación está permitiendo avanzar sin estridencias, pero con resultados tangibles, ¿o no, estimado lector?

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