En la primera semana de marzo de 2026, los mercados financieros globales se sumergieron en un clima de alta tensión. El incremento en los precios de la energía, impulsado por conflictos en Medio Oriente y las acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha encendido las alarmas sobre la inflación y el crecimiento económico. El Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó que un aumento sostenido del 10% en los precios energéticos podría sumar 0.4 puntos porcentuales a la inflación global y restar hasta 0.2 puntos de crecimiento.
En México, la volatilidad del peso frente al dólar refleja esta incertidumbre. La moneda cerró alrededor de 17.80 pesos por dólar tras una serie de oscilaciones impulsadas tanto por factores externos como por la expectativa respecto a indicadores económicos locales. Datos recientes, como el Índice de Confianza Empresarial y el PMI manufacturero de febrero, publicados el 2 de marzo, muestran señales de precaución en la inversión y la producción.
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, enfatizó que los precios altos de los energéticos representan el principal riesgo para la estabilidad financiera. “Un aumento prolongado en los precios de los combustibles no solo afecta la inflación, sino que también erosiona la confianza de los inversionistas”. En paralelo, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, sostuvo que aunque no se prevé una ruptura del orden mundial, las tensiones comerciales y los aranceles impuestos por Estados Unidos añaden presión adicional a la situación.
En el ámbito nacional, Claudia Sheinbaum, presidenta de México, afirmó que el país está preparado para enfrentar los efectos del conflicto en Medio Oriente y el alza en los precios del petróleo, gracias a medidas fiscales como la reducción del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y la colaboración con la Secretaría de Energía, la CFE y Hacienda para evitar que los costos internacionales se trasladen a los consumidores locales.
Alejandro Padilla, economista en jefe de Banorte, advirtió que México debe ser “inteligente ante las amenazas externas” y fortalecer su estrategia fiscal en un 2026 marcado por riesgos globales. Su reciente análisis subrayó que la agenda legislativa y el Paquete Económico 2026 serán cruciales para mantener la confianza de los mercados.
Es esencial seguir con atención los indicadores económicos, como la inversión fija bruta, que se publicará el 5 de marzo, y los datos de inflación de febrero, que serán anunciados el 9 de marzo. Estos elementos serán clave para determinar si las empresas continúan con sus planes de expansión a pesar de la incertidumbre.
La situación es acuciante: los precios internacionales del petróleo aumentaron un 26.30% en una semana, alcanzando un alza acumulada del 44.38% en cuatro semanas, con el crudo WTI cotizándose en 90.90 dólares por barril. La gasolina también registró un incremento del 13.84% en solo siete días y un 40.75% en un mes. Los conflictos en Medio Oriente, junto con reducciones en la producción de países clave, generan expectativas de aumentos aún mayores en las próximas semanas.
Este encarecimiento no solo ejerce presión sobre la inflación global, sino que también incrementa los costos de transporte y producción, impactando directamente en economías emergentes como la mexicana, donde el consumo interno depende significativamente de la estabilidad de los combustibles.
El dólar se ha fortalecido frente a la mayoría de las divisas, influido por la percepción de riesgo global y el atractivo de activos estadounidenses como refugio seguro. La combinación de tasas de interés relativamente altas en Estados Unidos y la aversión al riesgo han debilitado al peso mexicano, que se mantiene en torno a los 17.80 por dólar, con expectativas de que, si la volatilidad persiste, pueda superar la barrera de los 18.00.
Los empresarios mexicanos manifiestan un creciente temor sobre cómo esta coyuntura afectará la inversión y la producción. El aumento en los precios energéticos incrementa los costos operativos y la volatilidad cambiaria complica la planificación financiera y la importación de insumos. La confianza empresarial se muestra frágil, evidenciando señales de desaceleración en la inversión fija bruta y en la actividad manufacturera.
Ante este escenario, las decisiones de política fiscal y monetaria se tornarán cruciales para mantener la confianza y evitar que la incertidumbre internacional se traduzca en contracción de la producción nacional. La tensión en los mercados de energía y finanzas no es un fenómeno pasajero; estamos ante un entorno estructural que continuará vigente en la agenda económica global y nacional en los próximos meses.
México enfrenta el desafío de preservar la confianza empresarial y evitar que la volatilidad externa impacte negativamente en la inversión y la producción. Las decisiones fiscales y monetarias serán determinantes para amortiguar los choques internacionales, siendo esencial garantizar que la estabilidad macroeconómica se traduzca en bienestar interno.
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