En los recientes foros organizados por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, la propuesta de reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales ha generado un intenso debate. La inquietud del sector patronal se centra en las posibles repercusiones negativas que esta modificación podría acarrear para la economía nacional, entre ellas, un posible efecto inflacionario del 3.3% y una afectación a la productividad si no se implementa de forma gradual y flexible.
En este contexto, el tema de las horas extras ha emergido como un aspecto crucial, aunque a menudo ignorado. Jorge Sales Boyoli, socio director del despacho laboral Sales Boyoli, enfatiza que el asunto del pago por horas extras se ha vuelto el “Elefante en la habitación” en estas discusiones. Este término se utiliza para señalar verdades evidentes que todos reconocen pero que evitan mencionar abiertamente.
Sales Boyoli destaca la necesidad de incorporar el debate sobre las horas extras en la discusión sobre la reducción de la jornada laboral. El costo laboral que estas horas suponen para las empresas es una variable significativa que no puede pasarse por alto al examinar la productividad y la rentabilidad. En este sentido, urge considerar el pago de horas extras y la importancia de una inspección laboral que garantice su cumplimiento en condiciones justas y homogéneas, proporcionando también incentivos a los empleadores.
Un análisis sobre el contexto global muestra que México se encuentra entre los países donde el costo de las horas extras es más elevado. La legislación laboral establece que las primeras nueve horas extras deben pagarse al doble, mientras que las siguientes se remuneran al triple. Esto contrasta con el promedio mundial, que se sitúa en 1.3 veces el pago habitual. No obstante, las estadísticas indican que solo un 3% de las horas extras trabajadas en México son efectivamente remuneradas, dado que este pago se evita mediante diversas estrategias, muchas de ellas al borde de la legalidad. Por tanto, se subraya la importancia de revisar el papel de las inspecciones laborales para asegurar que se cumpla con esta obligación.
La reflexión sobre esta reforma no debe limitarse a la jornada laboral, sino también incluir elementos como las infraestructuras urbanas que afectan los tiempos de traslado de los empleados. En Nuevo León, por ejemplo, muchos trabajadores invierten hasta tres horas diarias en sus desplazamientos, lo que pone de manifiesto la necesidad de un enfoque integral que contemple estos factores.
Por otra parte, la salud mental de los trabajadores es un elemento crucial que merece atención. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, el 26.8% de los mexicanos trabaja más de 48 horas a la semana, superando el promedio nacional de 42.4 horas. Aunque la Ley Federal del Trabajo en México estipula que las jornadas diurnas deben ser de ocho horas, existen excepciones para circunstancias extraordinarias, lo que puede llevar a una carga excesiva de trabajo y a problemas de salud mental.
Abel Navajas, de Affor Health, ha señalado que muchas empresas están comenzando a eliminar las horas extra, ya que estas, si bien pueden ser necesarias en ocasiones críticas, a menudo reflejan una falta de organización y planificación en el trabajo. Esta situación puede resultar en un deterioro de la salud mental de los equipos.
Este panorama exige un análisis exhaustivo y proactivo sobre la forma en que se abordan tanto la reducción de la jornada laboral como el cumplimiento de la normativa sobre las horas extras, asegurando que la salud mental de los trabajadores no sea sacrificada en el proceso. La fecha de publicación original de esta información es el 1 de julio de 2025.
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