No es raro encontrarse con reacciones triunfalistas en el ámbito político, pero la actitud exhibida por el embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, tras la aprobación de un impuesto del 3.5% sobre las remesas, resulta especialmente inquietante. Celebrar una reducción de impuestos que originalmente se planteó en un 5% parece una victoria pírrica, desde una perspectiva que consideraría el impacto en millones de migrantes que enviaban dinero a sus familias en México.
Moctezuma, quien ocupó un cargo en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), se mostró optimista, calificando la reducción del gravamen como un “importante avance.” A la vista de la opinión pública, esta postura puede interpretarse como desconectada de la realidad que viven muchos mexicanos en Estados Unidos, quienes enfrentan arduos sacrificios, incluso en lo que respecta a su salud y bienestar, para mantener a sus seres queridos en México.
Este tema también resonó en las palabras de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien expresó su descontento por la nueva medida, resaltando así la necesidad de seguir manteniendo un diálogo con sus contrapartes estadounidenses. La presión de las decisiones políticas y económicas sobre el país se evidencia, no solo en el ámbito de las remesas, sino también en el comercio y otras área. Con el impuesto, las remesas podrían volverse más costosas, potencialmente forzando a muchos migrantes a recurrir a canales informales para enviar dinero a sus familias, lo que plantea nuevos retos, incluyendo el riesgo de blanqueo de capitales.
Desde el punto de vista de la industria, voces prominentes como Larry Rubin, presidente de The American Society of Mexico, han resaltado que la probabilidad de que el Congreso de EE.UU. apruebe tal impuesto es baja, citando un acuerdo de 1994 que evitaría la doble tributación entre ambos países. Esto genera algunos indicios de esperanza, aunque la situación sigue siendo tensa.
El status quo para muchos migrantes, que dejaron México buscando oportunidades que su patria no les otorgaba, contrasta con un entorno hostil donde enfrentan estigmas y discriminación en el países donde se establecen. En este contexto, la acción del gobierno mexicano debería ser enérgica, buscando no solo la eliminación del impuesto a las remesas, sino también políticas que incentiven la contratación de migrantes en EE.UU.
Esta situación plantea un dilema para el gobierno mexicano: ¿cómo mantener relaciones diplomáticas razonables sin caer en un estado de sumisión ante las medidas impuestas por Estados Unidos? Con el telón de fondo de la incertidumbre política y económica, el manejo de esta delicada relación será crucial en los meses venideros. La situación subraya la complejidad de la migración y el papel esencial que las remesas juegan en la economía mexicana, haciendo de este un tema que no solo es relevante para los migrantes, sino para la estructura económica de México en su conjunto.
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