La inminente revisión del T-MEC promete convertirse en un punto de inflexión en el comercio regional, pero también podría intensificar la incertidumbre existente. Según el artículo 34.7 del tratado, se llevará a cabo una revisión conjunta seis años después de su entrada en vigor, programada para el 1 de julio de 2026. Este proceso, sin un procedimiento claramente definido en el acuerdo negociado por Ildefonso Guajardo, Robert Lighthizer y Chrystia Freeland, deja muchas incógnitas sobre cómo se desarrollará.
México y Canadá tienen interés en adelantar esta revisión, sobre todo en un contexto en el que Estados Unidos está implementando cambios en las reglas comerciales sin recurrir a los mecanismos establecidos en el T-MEC. La falta de diálogo y las decisiones unilaterales exacerban la necesidad de un espacio para la negociación.
En una situación ideal, el gobierno de Trump podría reconocer los logros del acuerdo, posicionando a América del Norte como la región más competitiva del mundo y buscando actualizar las normas de integración económica. Algunos expertos sugieren la necesidad de incluir una agenda más ambiciosa para el sector minero, así como mejorar la integración del sector financiero, que aún no alcanza el mismo nivel que otros sectores clave como la manufactura.
Sin embargo, el panorama es complejo. La revisión se abordará con cautela, más que con optimismo, ya que la prioridad es preservar el T-MEC. Mejorar el acuerdo podría parecer un objetivo lejano. El temor es que la revisión se convierta en una “cirugía mayor” en la que el T-MEC podría no sobrevivir, y que su futuro dependa de la dirección que tome la administración de Trump. En la actualidad, el T-MEC tiene vigencia hasta 2036, pero la revisión podría extenderlo hasta 2042, si se logra un consenso.
Los cambios que Trump busca ya están en proceso, como las nuevas reglas de origen para la industria automotriz y medidas destinadas a frenar la influencia china, además de reducir el déficit comercial con México. Esta relación comercial podría ser utilizada como una herramienta de negociación para obtener concesiones en temas como inmigración o seguridad.
A su vez, las recientes decisiones de la 4T, como las reformas relacionadas con el maíz genéticamente modificado y la predominancia de Pemex en el sector energético, podrían ser motivo de queja para Estados Unidos en el marco del T-MEC. Sin embargo, la posibilidad de que estos desacuerdos sean litigados parece remota, especialmente si Trump decide actuar de manera unilateral.
¿Qué ocurriría si el T-MEC continuara existiendo superficialmente, pero las decisiones clave fueran tomadas unilateralmente desde la Casa Blanca? Esto dejaría a México y Canadá ante la disyuntiva de rechazar el acceso al mercado más grande del mundo o aceptar condiciones desfavorables.
La información aquí presentada corresponde a la fecha de publicación original del contenido, el 16 de mayo de 2025. Con el paso del tiempo y los acontecimientos, es posible que nuevas realidades y aspectos se hayan desarrollado, lo que subraya la importancia de seguir de cerca la evolución de esta relación comercial en los próximos años.
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