Los recientes resultados de la Prueba PISA 2025 han sido un duro golpe para el sistema educativo de México, mostrando un descenso alarmante en las competencias de matemáticas, lectura y ciencias. En comparación con 2018, el país ha experimentado una caída notable de 21 puntos en matemáticas, 12 en lectura y 5 en ciencias. Apenas un 31% de los estudiantes logra alcanzar las competencias mínimas en matemáticas, una reducción del 44% en tan solo siete años. Esta tendencia preocupante no parece ser un mero efecto residual de la pandemia, como algunos funcionarios han intentado argumentar.
Curiosamente, a pesar de estos resultados desalentadores, se ha observado un alto deseo de aprendizaje entre los jóvenes mexicanos: el 80% manifiesta curiosidad por aprender y sólo el 11% considera que la escuela es una pérdida de tiempo. Este hecho revela una contradicción fundamental: mientras los estudiantes muestran una fuerte voluntad, las políticas educativas parecen fallar en apoyar y canalizar ese deseo hacia un aprendizaje efectivo.
El actual gobierno ha incrementado significativamente el presupuesto de educación, duplicándolo a 100 mil millones de pesos. Sin embargo, este aumento no se ha traducido en una mejor cobertura; de hecho, la matrícula escolar ha disminuido drásticamente, con 1.45 millones de niños menos en las aulas de primaria. Este fenómeno se agrava al observar que el programa de becas implementado ha reemplazado a iniciativas más efectivas, creando una brecha en la matrícula y fomentando el empleo informal entre los jóvenes.
Además, se ha criticado que, a pesar de ser un momento de inversión pública en educación, los planes de estudio y los materiales han sido pauperizados. Los nuevos libros de texto han presentado errores y se han construido de manera más ideológica que educativa, logrando que un grupo significativo de estudiantes reciba una formación deficiente y poco útil para el mundo real.
Este retroceso en el aprendizaje no es accidentado; se plantea que responde a una restauración de prácticas del pasado que no benefician el desarrollo educativo. La administración ha devuelto a los líderes sindicales el control sobre aspectos fundamentales de la educación, como la promoción y contratación de docentes, lo que ha desincentivado la mejora en la calidad de la enseñanza.
El enfoque de esta gestión educativa, según se argumenta, parece estar más centrado en el control político que en el desarrollo integral de los estudiantes. La crítica mayor radica en que el legado del actual modelo educativo está beneficiando a unos pocos —los hijos de los políticos que asisten a escuelas privadas— mientras que las condiciones para la mayoría de los estudiantes se deterioran.
Mirando hacia el futuro, es crucial reformar la educación en México. Se requieren becas que realmente apunten a los estudiantes más necesitados, un retorno a las escuelas de tiempo completo que beneficiaban a millones y un nuevo enfoque en los libros de texto que fomente el aprendizaje real. El camino hacia una educación de calidad debe ser una prioridad central para cualquier proyecto alternativo de nación que busque un equilibrio en los valores republicanos, garantizando que cada persona tenga la oportunidad de construir su propio proyecto de vida.
Con la llegada de los resultados de PISA 2025, se presentan preguntas urgentes que no pueden ser ignoradas: ¿Qué decisiones han llevado a este deterioro? ¿Qué se está dispuesto a cambiar para revertir esta tendencia peligrosa? El futuro educativo de millones de jóvenes depende de la capacidad de las autoridades para enfrentar y responder a estos desafíos con seriedad y compromiso.
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