En 1980, un escultural cubo de 17 pies suspendido en el vestíbulo del Bank of Tokyo en Nueva York fue retirado por inquietar a algunos clientes, quienes lo compararon con una guillotina. Su creador, Isamu Noguchi, conocido por desafiar las convenciones, comentó con ironía que “estábamos fuera en la calle donde pertenecemos”, reafirmando su creencia de que la escultura debería estar en las calles, no en entornos restringidos como bancos o galerías.
A lo largo de su carrera, Noguchi luchó por sacar la escultura de su pedestal figurativo, proponiendo que estas obras deberían estar presentes en plazas, parques y espacios públicos donde la ciudadanía pudiera interactuar con ellas. Su exhibición más reciente, titulada “Noguchi’s New York”, se presenta en el Noguchi Museum y rinde homenaje a su ideal de un espacio urbano más generoso y accesible.
Nacido en Los Ángeles de padre japonés y madre americana, Noguchi se mudó a Nueva York en 1922. La ciudad sería su hogar por las próximas seis décadas, donde continuamente buscaba transformar su paisaje urbano. Sin embargo, muchos de sus ambiciosos proyectos encontraron resistencia por parte de funcionarios gubernamentales y corporativos. La muestra revela cómo las propuestas de Noguchi, muchas de ellas frustradas, siguen hoy resonando en la memoria urbana.
Entre las obras que permanecen accesibles al público en Nueva York se encuentran “News” en 50 Rockefeller Plaza, “Unidentified Object” frente al Museo Metropolitano de Arte y el icónico “Red Cube”, inaugurado en 1968. Cada una de estas piezas encarna la lucha de Noguchi por crear espacios que inviten a la interacción ciudadana, a pesar de los compromisos que muchos de ellos requirieron de patrocinadores privados.
Su afán por un entorno urbano más inclusivo se manifiesta en su propuesta de 1933, “Play Mountain”, diseñada para un programa de la era del New Deal, que reinventaba el concepto de parque infantil. A pesar de su innovadora visión, la propuesta fue desestimada por el comisionado de parques de la ciudad en un desacuerdo que marcaría su relación con el departamento durante décadas.
Durante la década de 1940, Noguchi intentó implementar su “Contoured Playground” en Central Park, un espacio diseñado con formas orgánicas y modulación del terreno, eliminando los tradicionales equipos de juego. Sin embargo, como en anteriores ocasiones, sus ideas fueron ignoradas.
Con el tiempo, su creciente reputación lo llevó a ser solicitado por diversos arquitectos y patronos. Por ejemplo, en el Bronx Zoo, donde diseñó espacios para jugar destinados a los simios, y en Beekman Place, donde su propuesta de un terreno escultórico, similar a “Contoured Playground”, fue desechada en favor de un diseño más convencional impuesto por el desarrollador de la zona.
Uno de sus proyectos más ambiciosos, en 1961, fue una transformación del Riverside Park en colaboración con Louis Kahn, un espacio que incluía un centro comunitario subterráneo, un anfiteatro y un patinadero. A pesar de la fuerza creativa detrás del proyecto, se vio interrumpido por la política y la burocracia.
A través de sus obras, Noguchi buscó constantemente crear espacios de reunión y juego para la comunidad. Como él mismo reconoció, muchos de sus trabajos más significativos nunca llegaron a realizarse. En un Manhattan saturado de edificios comerciales y escasos lugares de encuentro, surge la reflexión sobre lo que un parque infantil diseñado por Noguchi podría haber significado para la vida urbana contemporánea.
La exhibición “Noguchi’s New York” ofrece una visión penetrante no solo de la lucha del artista por un paisaje urbano más humanizado, sino también de las limitaciones que la ciudad impuso a su creatividad. Su legado sigue vivo, llamando a la acción a nuevas generaciones para imaginar y construir un Nueva York más inclusivo y vibrante.
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