El clima político en Sinaloa ha tomado un nuevo giro inesperado. El gobernador Rubén Rocha Moya, quien había anunciado su regreso al cargo tras una ausencia de 112 días, ha decidido solicitar nuevamente una licencia por tiempo indefinido para separarse del puesto. Esta decisión, comunicada el 22 de agosto de 2026 a través de sus redes sociales, sorprende e intriga a la opinión pública tras la reciente controversia que involucró su mandato.
La licencia fue solicitada mediante un oficio dirigido a Manuel de Jesús Guerrero Verdugo, presidente de la Diputación Permanente del Congreso del Estado. En él, Rocha Moya hace referencia al artículo 50, fracción VIII, de la Constitución Política del Estado de Sinaloa, indicando que desea una “licencia temporal con carácter indefinido por más de treinta días”. Esta nueva petición contrasta notablemente con su anuncio previo del 21 de agosto, cuando había reafirmado su compromiso con la gubernatura, afirmando que regresaba para concluir el mandato que se extiende hasta el 31 de octubre de 2027.
Las tensiones parecen haber surgido tras críticas tanto de Claudia Sheinbaum, presidenta del gobierno federal, como de dirigentes de su propio partido, Morena. Sheinbaum enfatizó que México merece funcionarios que entiendan que los cargos son pasajeros y que la aspiración personal no debe sobreponerse al bienestar de la población. Este comentario siguió a la decisión inicial de Rocha Moya de volver a asumir el poder, un movimiento que ni siquiera fue consultado con los líderes del partido, lo que generó una palpable distancia entre ellos.
El contexto de esta situación es crucial. Rocha Moya se había alejado de su cargo en mayo tras ser acusado de supuestos vínculos con el Cártel de Sinaloa, acusaciones que él ha desmentido. En ese momento, justificó su decisión indicando que buscaba permitir que la Fiscalía General de la República (FGR) realizara investigaciones sin interferencias. Sin embargo, su regreso al gobierno no fue bien recibido y provocó cuestionamientos tanto por parte de la oposición como dentro de su propio partido.
Ahora, tras el eco de las críticas y el descontento interno, Rocha Moya ha optado por una nueva licencia, reiterando en su comunicado que “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”. Este es un punto crucial para entender el dinamismo de la política en Sinaloa, donde las decisiones de los líderes políticos no solo influyen en su futuro, sino que también reconfiguran las relaciones dentro de sus propios partidos.
Con esta nueva medida, corresponderá al Congreso estatal evaluar y proceder según lo estipulado por la Constitución local, en un ambiente donde la incertidumbre y las controversias parecen ser parte del paisaje político habitual. La decisión de Rocha Moya señala no solo la fragilidad de las alianzas políticas, sino también la importancia de mantener la confianza en las instituciones y el gobierno local en un contexto tan volátil.
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