El día de 2018 que Rosalía (San Cugat del Vallés, Barcelona, 28 años) se personó en la Cadena SER para presentar El mal querer todo el mundo quería verla de cerca. Ella tenía 25 años entonces y dos discos en su currículum, pero su conversación cautivó a unos entrevistadores que se referían a ella con hipérboles y halagos y la comparaban con Miguel de Molina.
Y no era solo él. Martín Guerrero, el director general de Casa Patas, templo del flamenco en Madrid, se conectaba vía grabación para aportar que Rosalía era “electrizante, alucinante y única”. En los comentarios del vídeo de la entrevista en Youtube, que tiene más de medio millón de visualizaciones, se acumulan los agasajos. “Sentí en su vocabulario y manera de pensar a una mujer preparada, que sabe de lo que habla en cuanto a música y conocimientos musicales e históricos. No es una chica común. Es una genio”, escribía una espectadora.
Rosalía recibía así el aplauso y el beneplácito en uno de los santuarios del progresismo español, la Cadena SER, brújula del prestigio y lo que es aceptable cultural y socialmente. Francino, intuyendo lo que se le venía encima a la nueva estrella del pop, se despedía de ella como un patriarca orgulloso que besa en la frente a su hija antes de abandonar el nido, y le imploraba simplemente una cosa: “Solo te pedimos, Rosalía, que no cambies”. No podría haberle exigido algo más imposible.
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Poco más de tres años después, el público espera con interés el tercer álbum de la artista catalana, Motomami, que llegará en algún momento de 2022. Rosalía ha ido avanzando algunos temas del disco como Candy o Saoko en sus redes sociales, pero la canción que más ha llamado la atención es Hentai, una balada lenta cantada al piano cuya letra ha provocado estupefacción e incredulidad y se convirtió rápidamente en un meme por su dimensión explícitamente sexual y su uso del spanglish. “Te quiero ride como a mi bike / hazme un tape modo spike / yo la batí hasta que se montó / segundo es chingarte / lo primero es Dios”, cantaba en un clip de poco más de 20 segundos. La artista culta, elevada, que citaba poesía de siglos pasados sonaba como alguien totalmente distinto.
“Lo de Rosalía es como si el que hace las canciones para el Cantajuegos hubiera llegado borracho y cachondo a casa y hubiese abierto el bloc de notas”, decía un tuitero. “Rosalía ya compone poniendo el diccionario de forma aleatoria”, publicaba otro. Tal fue el revuelo, que la propia cantante tuiteó unas horas después al respecto: “Las personas q os está molestando la letra de Hentai estáis bien??” [sic].

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Resulta imposible separar la nueva música de Rosalía de un periplo por América que ella misma ha documentado detalladamente. Como muchas otras estrellas actuales, ha optado por una sobreexposición en redes sociales donde ha mostrado cada paso sin aparente estrategia de comunicación. Su sorprendente amistad con Kylie Jenner y el resto del clan Kardashian, aparentemente muy estrecha, fue uno de los primeros choques.
La hemos visto rodeada de empresarios como Dave Grutman y Jonathan Cheban, llevar un estilo de vida opulento (VOX la criticó por ser millonaria y tener avión privado) y rodearse de famosos como Christina Aguilera, Drake, Naomi Campbell y Hunter Schafer de Euphoria. Afincada en Miami, ha empezado a expresarse igual que otros cantantes españoles emigrantes del pasado como Julio Iglesias y Alejandro Sanz, con un acento que el diario argentino Clarín definió como “indescifrable, un revuelto de español, catalán, andaluz y caribeño, regado con palabras en inglés”. En una entrevista con un medio dominicano, Rosalía explicaba el origen de su idilio con las Kardashian contando que simplemente empezó a “jalear” con Kendall “en elei”, refiriéndose a Los Ángeles.
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