Rusia llevó a cabo un nuevo y devastador ataque masivo contra Ucrania, lanzando un total de 656 drones y 73 misiles, dejando a su paso al menos 13 muertos y decenas de heridos. Este bombardeo, que tuvo lugar en la madrugada del 2 de junio de 2026, alcanzó varios puntos del país, incluyendo las ciudades de Kiev, Dnipró, Kharkiv, Poltava y Zaporizhzhia, y provocó el colapso de edificios residenciales y el impacto en una maternidad.
Las imágenes de la tragedia muestran la devastación causada por las explosiones, con equipos de rescate trabajando arduamente entre los escombros. Moscú defendió este ataque como una respuesta “legítima” a lo que describe como “actos terroristas” perpetrados por Kiev. El Ministerio de Defensa ruso aseguró que su ofensiva se centró exclusivamente en objetivos militares y en infraestructura relacionada con el esfuerzo bélico ucraniano. Esta justificación llega tras una serie de advertencias emitidas previamente por el Kremlin.
El ataque representa uno de los episodios más graves en el conflicto, que ya se encuentra en su quinto año. Las autoridades rusas afirmaron haber utilizado misiles hipersónicos y drones de ataque, alegando que todos los objetivos fijados fueron alcanzados, enfatizando la misión de impactar solo objetivos estratégicos. Sin embargo, la realidad en el terreno pinta un cuadro muy diferente. Según los reportes de las autoridades ucranianas, los bombardeos causaron un gran número de víctimas civiles, incluidos seis muertos en Kiev y al menos doce en Dnipró, entre ellos un niño.
Uno de los momentos más críticos sucedió en el distrito de Podil en Kiev, donde una táctica de “doble golpe” fue empleada, lo que significó que un segundo ataque se produjo poco después del primero, mientras los equipos de rescate trabajaban para ayudar a las víctimas del primer bombardeo. Esto no solo incrementa el número de heridos, sino que actúa como un impedimento para las labores de rescate.
La reciente ofensiva también alcanzó a una maternidad en Odesa, donde afortunadamente no se reportaron víctimas, aunque se confirmaron daños significativos. Estos ataques continúan en el marco de una escalada de violencia en el conflicto, una escalada que parece no tener fin para la población civil, atrapada en medio de las hostilidades.
El presidente ruso, Vladimir Putin, calificó los eventos recientes como un “nuevo fase” de la guerra, mientras su portavoz, Dmitri Peskov, etiquetó el bombardeo de mayo pasado, que causó la muerte de 21 personas, como un “ataque terrorista deliberado” contra civiles. Por su parte, Ucrania ha rechazado tales acusaciones, insistiendo en que sus ataques se dirigen únicamente a fines militares.
La Fuerza Aérea ucraniana informó que logró interceptar una parte considerable de los misiles y drones lanzados, pero aún así, muchos lograron impactar en diferentes puntos del país, acentuando el sufrimiento de una población que ya había experimentado demasiado dolor durante este conflicto.
La cruda realidad es que, a medida que el conflicto avanza, las consecuencias para la población civil son devastadoras. La serie de ataques y represalias continúa marcando la pauta, dejando un legado de destrucción y dolor que se incrementa día a día en ambos lados de la frontera.
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