La reciente revelación del borrador de un acuerdo comercial entre India y Estados Unidos ha desatado intensas reacciones en la nación asiática. El principal foco de controversia es la demanda estadounidense de que India reduzca progresivamente sus importaciones de petróleo ruso, que pasaron del 2% en 2021 al asombroso 36% en 2024. Este notable aumento se debió a los descuentos agresivos del crudo ruso, aproximadamente 35 dólares por barril por debajo del precio del Brent, tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
Sin embargo, estas importaciones han comenzado a disminuir, especialmente con la reducción del descuento a solo 2 dólares. Aun así, el debate sobre la procedencia de las importaciones energéticas de India —sea de Rusia, Irán o Venezuela— resalta una vulnerabilidad más profunda: la crónica dependencia energética del país.
Desde 1990, la dependencia de India respecto a las importaciones energéticas ha crecido significativamente, alcanzando más del 35% en 2023, un considerable aumento desde el 10%. En comparación, China ha mantenido una dependencia relativamente menor en etapas similares de desarrollo.
Este incremento en la necesidad de energía importada coincide con un crecimiento económico vigoroso, haciendo que la autonomía estratégica de India se vuelva crucial. Una vía a considerar es aumentar la inversión en hidrocarburos, pero también se podría explorar la transición hacia un modelo energético eléctrico basado en fuentes renovables. Esta estrategia podría no solo diversificar las fuentes de energía, sino también acelerar la electrificación, vital para sectores industriales del futuro.
La urgencia de este cambio está bajopinned por dos factores críticos. En primer lugar, la contaminación es un problema devastador para la salud pública, como lo evidencia un reciente informe del Banco Mundial que describe a Nueva Delhi como una “cámara de gas al aire libre”. La dependencia de hidrocarburos no es sostenible, especialmente considerando que se han perdido entre 40,000 y 60,000 millones de dólares en inversiones en energía térmica, lo que llevará a considerarlos como una carga adicional para la economía.
En segundo lugar, una electricidad más económica podría ofrecer a India la oportunidad de revitalizar su industria manufacturera, que ha estado afectada por costos de electricidad que son el doble de los del resto del mundo. Aunque se han realizado avances notables en el sector de las energías renovables, el país enfrenta desafíos estructurales significativos. La fragmentación en la gobernanza y la toma de decisiones entre el gobierno central y los 28 estados supone una traba considerable. Las empresas de distribución de electricidad han acumulado una deuda impresionante que las deja incapaces de comprar energía renovable, limitando así el potencial del país para convertirse en un estado eléctrico.
Si India anhela superar su dependencia energética, debe acelerar su transición hacia modelos eléctricos sostenibles y debe hacerlo de manera urgente. Aunque el gobierno central ha iniciado movimientos en esta dirección, requieren reformas profundas, especialmente a nivel estatal, para confrontar la ineficiencia de los monopolios del sector público. La competencia y la creación de instituciones eficaces serán determinantes para facilitar este cambio. Cuanto más se demore esta transformación, mayor será la vulnerabilidad de India ante las fluctuaciones geopolíticas en el ámbito energético.
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