La proximidad del verano y, con él, la movilidad de miles de españoles que se desplazarán a otras comunidades para pasar sus vacaciones ha puesto sobre la mesa un nuevo debate: la posibilidad de vacunarse en el lugar de veraneo en vez de en la autonomía de residencia. El director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, abrió el lunes la puerta a recibir la segunda dosis de la vacuna en otra comunidad, pero el Ministerio de Sanidad, a preguntas de este periódico, remite a la estrategia nacional de vacunación, que prevé inyectar la dosis en el lugar “donde se encuentren residiendo” las personas. Esto es, donde están empadronados y tienen su tarjeta sanitaria. Sin embargo, un portavoz añadió: “Se está trabajando en un documento de casos excepcionales concretos”. Pero no aclaró cuáles, ni cómo se articularía un eventual cambio del lugar de vacunación. Algunas comunidades, como Andalucía, Cantabria o la Comunidad Valenciana, se avienen a hacerlo, mientras que Vasco no lo ha previsto. Los expertos, por su parte, discrepan sobre la conveniencia de la medida: aseguran que puede complicar la logística de la campaña vacunal, aunque admiten que es viable.

A falta de directrices comunes sobre cómo y cuándo vacunarse en otras comunidades —Sanidad señala que el documento de casos excepcionales tiene que aprobarse en la Comisión de Salud Pública—, las autonomías empiezan a mover ficha. La consejera de Sanidad de la Comunidad Valenciana, Ana Barceló, ha revelado que, en su caso, ya se están inoculando segundas dosis a turistas procedentes de otras comunidades, previa tramitación de la tarjeta sanitaria de desplazado. Se trata de una gestión que hacen muchos veraneantes y, de hecho, hay centros de salud que se abren solo para ellos. Con este documento, se les incluye en el censo sanitario y los citan cuando les toque vacunarse. Barceló ha pedido, no obstante, que Sanidad establezca un criterio para que exista reciprocidad y ha exigido que se haga una adecuación entre el número de dosis que se reciben y las que se inyectan con la llegada de estos desplazados.
Andalucía, por su parte, ha asegurado que estudia la posibilidad de vacunar a veraneantes en su comunidad, pero no ha concretado cómo se articularía el mecanismo para citar a las personas de otras autonomías. Según un portavoz, está pendiente de un debate sobre la cuestión en el seno de la Comisión de Salud y el Consejo Interterritorial. Baleares, por su parte, se ha abierto a vacunar a personas de otras autonomías, pero con matices: “Siempre de mano del Ministerio, de manera oficial, y asegurándonos la llegada de estas vacunas”, ha indicado el director general del Servicio de Salud de las Islas Baleares, Juli Fuster. Por ahora, ha asegurado, no ha recibido ninguna indicación de Sanidad “de manera oficial ni extraoficial”. “Tenemos un porcentaje importante de personas que vienen a trabajar y a esas personas que ya han recibido una dosis les pondremos la segunda dosis”, ha señalado Fuster.
Precisamente, el reparto de dosis y la logística administrativa de la vacunación son dos de los elementos que complican la propuesta, según los expertos. En la actualidad, las vacunas se distribuyen en función de la población de referencia, con datos del Instituto Nacional de Estadística.
Alberto Infante, profesor emérito de Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III, aporta estas ideas: “Es cierto que hasta ahora se reparten con base poblacional, pero quien lo hace sabe también cómo se desarrolla este fenómeno de movilidad en verano hacia las zonas de costas y se podría hacer una previsión de cuánto disminuye la población en zonas de interior y cuánto aumenta en las de costa. Esa estimación se puede hacer y se pueden corregir las entregas basándose en este factor”.
Sin embargo, Daniel López-Acuña, exdirector de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ve más dificultades que ventajas: “Abrir las compuertas a vacunar en otra comunidad introduce problemas logísticos de cotejo de datos, personas que se pueden quedar en un limbo, dificultades en el volumen de trámites de los desplazados… Estamos complicándonos más de la cuenta”.
España está inmersa en la vacunación del grupo de personas con edades comprendidas entre 40 y 49 años, el más numeroso (ocho millones de personas). Previsiblemente, entrará en el verano administrando primeras y segundas dosis a este colectivo y abriendo paso a los treintañeros. En total, 16,7 millones de personas de 25 a 49 años que, según los cálculos del Gobierno, tienen que estar vacunadas antes de que acabe el verano. El problema es que, con las vacaciones de por medio, la campaña vacunal puede verse alterada, sobre todo por el riesgo de que las citas coincidan en medio de un viaje y lejos del lugar de residencia habitual. “En el contexto en el que estamos, se trata de que se vacune el máximo de ciudadanos posible”, sostiene Amós García, presidente de la Asociación Española de Vacunología. Y con él coincide el profesor Infante: “Todo lo que sea facilitar que la gente se vacune es bueno. No hay que ponerle trabas. Se está vacunando mucho y muy deprisa y no creo que lo que suceda influya mucho en el ritmo de la campaña global, pero todo dependerá de cuánta gente se vaya a mover y de cómo lleguemos a finales de este mes con la cobertura del grupo de 40 y 50 años”.
Fernando Simón ya avanzó el lunes que existía la opción de pincharse la segunda dosis en otra comunidad autónoma, aunque sería apropiado en ese caso hacer los trámites para solicitar la tarjeta sanitaria de desplazado. Con todo, admitió, es más sencillo cambiar la cita y vacunarse en el lugar de residencia. “La segunda dosis tiene un tiempo mínimo desde la primera dosis, pero no pasa nada si se pone un poco después. Las comunidades dan un margen de flexibilidad para adaptar la fecha y modificar la cita”, dijo. Según los expertos consultados, aunque lo ideal es cumplir la ficha técnica, los estudios recogen que la segunda dosis de Pfizer, por ejemplo, prevista a los 21 días de la primera, se podría administrar hasta 42 días después del primer pinchazo.


