En medio de la Semana Santa, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) enfrenta una crisis notable en la prestación de servicios de taxi para los viajeros. Las largas y caóticas filas para abordar un taxi representan un desafío significativo, que podría agravar la situación con la llegada del Mundial de fútbol, coincidiendo con la temporada de lluvias. Este incremento de turistas y el aumento del tráfico solo acentuará los problemas, repercutiendo tanto en el servicio como en la imagen que México proyecta a sus visitantes.
Hasta la fecha, 11 empresas cuentan con concesiones para operar el transporte terrestre dentro del aeropuerto, lo que debería facilitar el acceso a los pasajeros. Sin embargo, el pasado 13 de marzo se implementó un operativo de la Guardia Nacional en el AICM para restringir el acceso de vehículos de plataformas digitales, lo que plantea varias interrogantes sobre la política actual. A diferencia de aeropuertos en Europa, Japón y Estados Unidos, donde las plataformas cuentan con áreas designadas para operar, los pasajeros en México se ven limitados a las opciones de taxis tradicionales.
A tan solo 80 días del inicio del Mundial, la decisión de cancelar el acceso a las plataformas digitales parece cuestionable. Un análisis de la situación revela que el AICM ha visto una disminución drástica en sus ingresos, al recibir 145 pesos de cada viaje realizado por las empresas concesionadas. Los taxistas, que solían realizar un promedio de 20 viajes diarios, ahora reportan solo la mitad, afectando los ingresos del aeropuerto, que han caído considerablemente de los 5 millones 800 mil pesos diarios que se recaudaban anteriormente.
En cuanto a los choferes de taxis, el viaje del AICM a zonas como Nápoles, La Del Valle, Roma o Condesa tiene un costo de 450 pesos, de los cuales el conductor se queda con 290. Para cubrir costos de operación y lograr un ingreso de 900 pesos diarios, necesitan completar al menos ocho viajes durante su turno de 24 horas. Además, los taxistas deben cumplir con requisitos regulativos más estrictos que aquellos de los conductores de plataformas, incluyendo una licencia, un examen médico y capacitación ante la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), lo que crea un ambiente de competencia desigual.
Una solución potencial para equilibrar esta situación podría consistir en requerir que los choferes de plataformas paguen un derecho de uso para acceder al AICM, además de cumplir con los mismos requisitos que enfrentan los taxistas. Establecer una mesa de trabajo que involucre a todas las partes interesadas podría facilitar el diálogo y la búsqueda de soluciones que beneficien tanto a taxistas como a plataformas y, sobre todo, a los turistas que usan el aeropuerto.
La expulsión de las plataformas digitales no es la respuesta adecuada a los problemas actuales. Si existen disparidades en los costos que enfrenta un grupo de conductores frente a otros, es necesario abordarlas. Asimismo, si el AICM ha sufrido una caída en sus ingresos, debe buscar soluciones que no impliquen restricciones arbitrarias. La intervención de la Guardia Nacional en este contexto puede parecer excesiva y podría ser más eficaz en otros ámbitos donde realmente se necesiten sus servicios. Con el Mundial a la vista, existe una oportunidad relevante para atender estos problemas y crear un sistema de transporte más equitativo y eficiente en el AICM, que esté a la altura de las expectativas de los visitantes y de la imagen de México.
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