La carga mental asociada al trabajo de cuidados no remunerado continúa recayendo de manera desproporcionada en las mujeres. Así lo revela una reciente encuesta del Centro de Estudios Críticos de Género de la Universidad Iberoamericana, que desvela el profundo impacto emocional y social que enfrentan quienes realizan estas tareas, muchas veces invisibles y subestimadas.
Según los datos, el 83.8% de las mujeres participantes reportó realizar el cuidado físico directo, que incluye actividades como la alimentación, higiene y apoyo a la movilidad, en comparación con solo el 72% de los hombres. Esta diferencia se amplía aún más en las tareas domésticas asociadas al cuidado; un notable 68.5% de mujeres se ocupan de ellas, frente al 55% de sus contrapartes masculinos. Los números evidencian una realidad innegable: las mujeres asumen la mayor parte de estas responsabilidades.
Además de la carga física, el estudio también identificó significativas discrepancias en la carga mental que soportan las mujeres. Casi la mitad de las participantes, un 45.9%, se siente frecuentemente la única responsable del bienestar de la persona a su cargo, en contraste con el 28.7% de los hombres que sienten lo mismo. Asimismo, un 43.8% de las mujeres expresa la sensación de que todo debe salir bien bajo su responsabilidad, en comparación con un 24% de los hombres. Estos datos revelan un claro desbalance que afecta el bienestar emocional de las mujeres: un 15.6% reporta afectaciones frecuentes a su salud mental, mientras solo el 7% de los hombres señala lo mismo. Además, el 38% de las mujeres concluyen el día con la mente saturada, frente al 20% de los hombres.
Otro aspecto relevante es la diferencia en las redes de apoyo. Mientras que el 34.4% de los hombres identifica a su pareja como su principal sostén en estas labores, sólo el 23% de las mujeres reporta contar con un respaldo similar. Esta falta de apoyo se traduce en un mayor aislamiento para las mujeres encargadas del cuidado, lo que agrava aún más su carga.
Con estos datos, queda claro que la brecha de género se manifiesta no solo en la cantidad de trabajo asumido, sino también en la calidad de vida y bienestar emocional de quienes se ocupan de cuidar. La evidencia plantea un llamado urgente a la reflexión y acción sobre la distribución equitativa de las responsabilidades de cuidado, que, en su mayoría, aún recae en las mujeres. Sin un cambio significativo en esta dinámica, las consecuencias seguirán afectando su salud mental y calidad de vida.
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