Un potente sismo de magnitud 7.1 sacudió a Venezuela este miércoles, generando escenas de pánico en la capital, Caracas. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reportó que el temblor tuvo su epicentro a 21 kilómetros al oeste de Morón y una profundidad de solo 10 kilómetros. Las vibraciones fueron tan intensas que se sintieron en Colombia, causando preocupación en varias regiones cercanas.
Venezolanos en Caracas experimentaron momentos de caos, especialmente en un ajetreado centro comercial en el barrio de Altamira. Testigos relataron cómo las estanterías se desplomaron y la gente corrió en desbandada hacia la calle, buscando refugio. Heidi Romero, una comerciante de 42 años, recordó la experiencia con angustia: “Estaba en el último piso… salimos por las escaleras de emergencia. Fue increíble”. Otro testimonio, de Odalis Escalona, describió desastres dentro del establecimiento: “Se rajó toda la pared. Cayeron cosas del techo. Fue horrible”.
La magnitud del evento también dejó algunos lugares a oscuras y miles de personas optaron por permanecer en las calles antes de regresar a sus oficinas o hogares. Carmen Guédez, de 69 años, se encontraba en casa de su hermana cuando el sismo comenzó. “Fue subiendo de intensidad”, compartió. Mientras su entorno vibraba, ella y sus cercanos se refugiaron en la oración, abrazados en medio del miedo.
Venezuela ha experimentado temblores con frecuencia, siendo los más recientes el terremoto de Cariaco en 1997 y el devastador sismo de Caracas en 1967. Este nuevo fenómeno ha reavivado la memoria de esos eventos históricos.
Hasta Bogotá, la capital colombiana, se sintió el impacto del sismo. Vecinos informaron que las lámparas oscilaban y las alarmas de edificios sonaban, llevando a muchas personas a evacuar como medida de precaución. La entidad de gestión de riesgos de Colombia indicó que, por ahora, no existían reportes de emergencias ni alertas de tsunami.
A medida que transcurre el tiempo, las autoridades venezolanas trabajan para evaluar los daños y posibles víctimas de este sismo, mientras la población enfrenta las secuelas de una experiencia aterradora. Es un recordatorio de la vulnerabilidad de la región a fenómenos naturales y la necesidad constante de preparación ante desastres.
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