El 10 de agosto, un devastador terremoto de magnitud 7.4 sacudió la región oeste de Colombia, dejando un saldo trágico: 304 personas fallecidas y 4,548 heridas, según las cifras oficiales hasta la fecha. Este desastre ha obligado al nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo solo tres días antes del evento, a enfrentar su primera gran crisis.
El Ministerio de Cultura de Colombia ha emitido un primer informe sobre los daños, revelando que 40 propiedades culturales protegidas a nivel nacional en siete departamentos impactados sufrieron distintos grados de mal, de los cuales 22 fueron severamente afectados. En total, 84 bienes culturales, tanto muebles como inmuebles, fueron identificados, destacando 39 sitios religiosos que también reportaron daños.
El epicentro del terremoto se ubicó en San José del Palmar, en el departamento de Chocó, una zona donde la riqueza cultural y los patrimonios arquitectónicos son notables. El departamento de Valle del Cauca, por ejemplo, alberga 23 de las 40 propiedades mencionadas; entre ellas, en la capital Cali, se encuentran edificios emblemáticos como el Palacio Nacional, la iglesia La Merced y la Catedral de San Pedro, con daños severos en varios de ellos.
En Popayán, reconocida por su arquitectura colonial, el centro histórico sufrió un importante deterioro. La ciudad, famosa por sus fachadas blancas y calles angostas, incluye muchos de los sitios listados en el informe, como el Museo Nacional Guillermo Valencia y las iglesias Templo del Carmen y Templo de Santo Domingo. Este último presentó daños severos.
El impacto del sismo fue igualmente evidente en Manizales, donde la caída de una de las torres de la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario fue presenciada por ciudadanos atónitos. Dicha catedral, el templo más alto del país y símbolo de la ciudad, ahora figura entre las estructuras con graves daños.
El informe detalló que 12 de los 15 distritos históricos designados dentro de las áreas afectadas también sufrieron daños. Esto es particularmente alarmante en la región del Paisaje Cultural Cafetero, que abarca 51 municipios y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aquí, se reporta que más del 60% de las áreas urbanas se vieron seriamente afectadas, con relatos de comunidades enteras enfrentando la destrucción en hasta un 80% de sus zonas urbanas.
La ministra de Cultura, Paola Holguín, expresó su solidaridad con las víctimas y anunció que el ministerio está trabajando en una red de especialistas para planificar la restauración. Se ha emitido una resolución de emergencia que permite tomar medidas inmediatas para proteger los bienes culturales en riesgo, desde reforzar paredes agrietadas hasta asegurar objetos susceptibles de perderse.
Además de la acción gubernamental, el sector cultural ha comenzado a organizar su propia respuesta. El Museo de Arte Moderno de Medellín, por ejemplo, destinará parte de sus ingresos de un evento reciente a ayudar a los afectados, mientras que más de 25 galerías y 130 artistas han unido fuerzas para llevar adelante una campaña de apoyo denominada “Arte por Colombia”, que hasta ahora ha recaudado más de 575 millones de pesos colombianos, equivalentes a aproximadamente 187,000 dólares.
La devastación causada por el terremoto subraya no solo la fragilidad de la infraestructura cultural de Colombia, sino también la resiliencia de su comunidad. La reconstrucción será un desafío monumental, pero la solidaridad y el apoyo mutuo entre los ciudadanos y organismos nacionales son un faro de esperanza en estos tiempos difíciles.
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