En la tarde del 15 de agosto de 2026, la plaza de toros de San Sebastián fue el escenario de la tercera y última corrida de la Semana Grande, donde se dio cita un numeroso público, que llenó aproximadamente media entrada, alrededor de 6,000 espectadores. Tres figuras veteranas del toreo —Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Roca Rey— se enfrentaron a una corrida de toros de Alcurrucén, una ganadería que, aunque variada en tipos y presencia, no ofreció el comportamiento esperado, al dilatar el espectáculo a unas tres largas horas.
El evento, aunque con momentos destacados, estuvo marcado por la intrascendencia de las actuaciones. Sebastián Castella, quien se llevó una oreja después de una faena que dejó más que desear, tuvo su momento ante el cuarto toro, considerado el más claro y dócil del encierro. Sin embargo, la ovación que recibió fue más resultado del buen ánimo del público que de la calidad de su lidia, que se vio ralentizada por pausas excesivas y un toreo más mecánico que emotivo.
Talavante, por su parte, intentó conectar con el segundo toro, realizando algunos pases de calidad. No obstante, su actuación fue breve y no logró concretar lo que el animal demandaba. Similarmente, tuvo dificultades frente al quinto, que mostró un buen trazo, pero que no encontró eco en el toreo del extremeño, caracterizado por su falta de ambición.
Roca Rey se enfrentó al más serio de los toros, el sexto, que no ofreció oportunidades al diestro peruano, quien se vio obligado a buscar lucimiento sin éxito. Su actuación culminó en un error con el descabello, lo que frustró las posibilidades de recibir un trofeo en esa tarde que, a pesar de la intensidad de la lidia, careció de profundidad.
La despedida de esta Semana Grande dejó un vacío, con un encierro que no cumplió las expectativas de un público ansioso por emociones. A pesar de la rutina, la banda “Ciudad de Irún” aportó momentos de alegría, amenizando una jornada que, aunque con algunas luces, se vio ensombrecida por la falta de entrega de los toreros. En resumen, una tarde que, más que dejar un legado en la memoria de los asistentes, será recordada por su mera formalidad en la lidia.
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