En 2019, la ilustradora Ximena Maier compró una casa en el campo, a cinco kilómetros de Évora, en el Alentejo, donde ya llevaba un lustro viviendo con su familia. En aquel momento, su hogar era un espacio reducido que incluía a su marido y sus dos hijos. Sin embargo, en la actualidad, esa quintinha se ha transformado en un verdadero refugio familiar, enriquecido con la compañía de tres perros, dos gatos y dos cacatúas. Maier, conocida por su obra “Cuaderno del Prado,” se imaginaba una vida urbana en ciudades como Madrid o Nueva York, trabajando en ilustraciones para publicaciones prestigiosas como “The New Yorker”. En cambio, la realidad la ha llevado a una vida que su dispositivo calificaría como “retirada en Portugal”.
A partir del día en que recibió las llaves de su nueva casa, Maier inició un cuaderno para documentar los cambios y las novedades en su hogar. Sin embargo, lo que comenzó como un registro de reformas se convirtió en un testimonio de su propia transformación: de urbanita a mujer de campo, de ilustradora a ceramista, y de inexperta a jardinera, como ella misma lo expresa, embarcada en una vida que describe como “campicos y buena vida”.
El libro resultante, “Una casa portuguesa,” publicado por Lumen, compila los dibujos, acuarelas y bocetos que retratan no solo el proceso de adaptación de su nueva vivienda, sino también su evolución personal. Este trabajo captura las distintas transformaciones: la transformación del entorno, que incluye la casa y sus instalaciones, y la metamorfosis de la familia, del ritmo citadino a la tranquilidad rural. Además, destaca la evolución de Maier como artista, quien adopta la cerámica, comenzando con la creación de azulejos.
La obra no se limita a narrar reformas, sino que explora también el aprendizaje y las influencias culturales que influyeron en su nueva vida. Por ejemplo, Maier menciona la fascinación que siente por Alexander von Humboldt y Jan Floris, dos figuras que influyeron en su percepción del arte y la naturaleza. Su interés por Humboldt se debe a la narrativa vibrante de sus exploraciones en Sudamérica, que combina aventura con ciencia, mientras que su conexión con Floris se establece a través de la historia de la cerámica en España.
El libro también revela una reflexión sobre las diferencias culturales, utilizando la metáfora de las mariposas ibéricas y los matices entre sus nombres en portugués y español, destacando similitudes y diferencias que reflejan la rica diversidad de la Península Ibérica.
“Una casa portuguesa,” título inspirado en la famosa canción de Amália Rodrigues, es un relato que invita a maravillarse ante lo cotidiano. La obra de Maier no se deja llevar por el cinismo ni la idealización; por el contrario, aborda con honestidad tanto las maravillas como los desafíos de su nueva vida. En un momento en que muchos libros parecen ofrecer lecciones morales, la frescura y autenticidad de esta narración brindan un valioso regalo: la renovación de la capacidad de asombro ante el mundo.
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