La crisis hipotecaria de 2008 en Estados Unidos marcó un hito significativo, impulsando la primera ola de populismo que se extendió por Europa y América Latina. Sin embargo, fue en 2017, con la llegada de Donald Trump a la presidencia, cuando se desató una segunda y más contundente ola populista, influyendo no solo en su país, sino en el contexto global. Este resurgimiento se ha visto acompañado por un grupo de pensadores que han fortalecido y ampliado el fenómeno conocido como la nueva derecha norteamericana.
Ángel Jaramillo, reconocido colaborador de medios de comunicación, publicó recientemente un libro titulado “Donald Trump y la rebelión en la granja”, en el que analiza el trasfondo ideológico de este movimiento y su impacto en el mundo contemporáneo. Según Jaramillo, el populismo, sea de izquierda o derecha, ha monopolizado el escenario político internacional. Algunos de estos líderes adoptan un enfoque autoritario con un matiz religioso, una tendencia que el autor ha denominado “populismo teológico”. Este fenómeno no es nuevo; sus raíces pueden rastrearse a épocas en las que monarcas justificaban su reinado como un mandato divino.
En una reciente conversación, Jaramillo reflexionó sobre el surgimiento de esta corriente. Señaló que los franceses lo han llamado “le retour de Dieu”, el regreso de la religión, y destacó cómo las olas teológicas han resurgido desde los procesos teocráticos en naciones como Irán y momentos críticos como los ataques del 11 de septiembre de 2001. Llamó la atención sobre el sistema político ruso, donde el presidente Vladimir Putin se ha aliado con teólogos que ven en su país un vehículo para expandir la influencia de la iglesia ortodoxa.
El chavismo en Venezuela también se inscribe dentro de esta dinámica. Mientras que el régimen cubano se relaciona más con ideologías bolcheviques, Chávez encarnó un enfoque más espiritual, equiparando su figura con Jesucristo. En Estados Unidos, el auge del nacionalismo cristiano ha respaldado a Trump, y su carisma ha llevado esta tendencia a niveles extremos.
Jaramillo también advirtió sobre el radicalismo cristiano como respuesta al islamismo. Mencionó que Steve Bannon, una figura clave en el entorno de Trump, ha abrazado la idea de una guerra religiosa, en contraste con el enfoque más secular de Samuel Huntington sobre el choque de civilizaciones. Sin embargo, el autor aboga por el diálogo como solución a los conflictos entre civilizaciones y critica la postura bélica.
Otro punto destacado en su libro es cómo, a pesar de la aparente falta de interés de Trump por la lectura, sus acciones han encontrado una resonancia con los intelectuales de la nueva derecha. Jaramillo sostiene que, aunque Trump puede no ser un filósofo, sus posturas políticas coinciden con las de pensadores influyentes en su entorno, quienes comparten una crítica a la globalización y a la burocracia de Washington.
La discusión en torno al populismo y su relación con el liberalismo es fundamental en la obra de Jaramillo, quien plantea que si bien el liberalismo ha superado desafíos anteriores, enfrenta un nuevo reto en la era del populismo. Reconoce que el liberalismo ha aprendido de sus derrotas y se ha adaptado a lo largo de la historia. Sin embargo, ahora debe hacerse eco de los desafíos que presentan modelos populistas contemporáneos.
Además, reflexiona sobre la incapacidad del trumpismo para presentar propuestas a problemas como el medio ambiente o la tecnología, alertando que el populismo suele generar rivalidades en lugar de consensos que permitan abordar efectivamente los grandes retos globales. Resalta que la científicidad y la diplomacia son imprescindibles para resolver crisis que van desde el cambio climático hasta innovaciones tecnológicas disruptivas.
Finalmente, Jaramillo pone de relieve cómo la estrategia de la administración Trump ha afectado a México, advirtiendo sobre un proyecto denominado “Gran América del Norte”, que implicaría una explotación de recursos naturales que afecta directamente al país. Subraya que la relación entre ambas naciones está marcada por exigencias judiciales que buscan presionar al gobierno mexicano, lo cual podría interpretarse como un intento de intervención en sus políticas internas.
Estas reflexiones se inscriben en un contexto donde el populismo y el autoritarismo parecen ganar terreno en la región y donde la figura de Trump continúa moldeando la política internacional, en un juego de influjos y reacciones que definirán el futuro no solo de Estados Unidos, sino de América Latina en su conjunto.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


