En un evento memorable que combinó la historia y la cultura viviente de México, el trofeo de la Copa Mundial 2026 fue presentado el pasado viernes en el majestuoso complejo arqueológico de Chichén Itzá, Yucatán. Este trofeo, que pesa seis kilogramos y está elaborado en oro macizo de 18 quilates, fue trasladado bajo estrictas medidas de seguridad y es parte de una gira promocional que incluye más de una docena de ciudades en Estados Unidos y Canadá, los otros dos países que, junto a México, serán anfitriones del torneo del 11 de junio al 19 de julio.
La presentación tuvo lugar contra la impresionante background de la pirámide de El Castillo, en un momento que fue considerado por el exfutbolista Hugo Sánchez como un símbolo significativo para el país. “Esta imagen va a dar la vuelta al mundo”, afirmó antes de descubrir el trofeo frente a una multitud entusiasta.
Chichén Itzá no solo es conocida por su espectacular arquitectura, sino también por el fascinante fenómeno del “descenso de Kukulcán”, que ocurre durante el equinoccio de primavera. Durante este evento, las sombras del sol proyectan imágenes que parecen hacer descender a la serpiente emplumada de la deidad maya al terreno, un espectáculo que atrae a miles de visitantes.
Este lugar es también el hogar de la cancha de juego de pelota maya, una práctica ancestral que tiene sus raíces en esta región desde aproximadamente 900 a.C. Durante los partidos, dos equipos de cuatro jugadores compiten por el control de una pelota de caucho, utilizando solo sus muslos o caderas para golpearla, en un juego que guarda similitudes con el fútbol moderno.
El Mundial de juego de pelota se celebra cada dos años desde 2015 y ya reúne a siete países, incluidos México, Estados Unidos y Guatemala. Ángel Jesús Be Chi, capitán del equipo Mayawayak, destacó la necesidad de que este deporte reciba el respaldo que merece, similar al obtenido por el fútbol y otras disciplinas.
Mientras tanto, el juego de pelota maya continúa modernizándose, integrando a mujeres en un deporte que fue abolido durante siglos. José de Jesús Manrique, presidente de la federación que busca revitalizar esta tradición, subraya la importancia de mantener su esencia. “La pelota es sagrada”, enfatiza, mientras se organizan exhibiciones semanales en Mérida, Yucatán.
Así, el trofeo de la FIFA, que está en ruta hacia América del Norte, no solo representa el fútbol mundial, sino que rinde homenaje a la rica herencia cultural de las tradiciones deportivas de México. La conexión entre el fútbol contemporáneo y los antiguos ritos mayas se hace visible, un recordatorio de que el deporte trasciende el tiempo y el espacio. Con el Mundial a la vista, la anticipación crece, fusionando el ayer con el presente en un evento que seguramente resonará en los corazones de millones.
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